miércoles, 5 de noviembre de 2014

Corazon Indomable cap 28

A la mañana siguiente, su padre entró en el comedor como un terremoto.
—¿Se puede saber qué estabas haciendo ayer por la noche en la habitación de Nick Jonas? ¿No se suponía que estabas trabajando?
Miley  lo miró con la boca abierta. Fred estaba furioso.
—¿Cómo... ?
—Uno de sus hombres, el que fue a decirle que uno de los toros estaba mal, lo vio sacarte por la puerta de atrás —le aclaró su padre —.¿Qué demonios te ha pasado en la cara? —Añadió mirándola de cerca—. Nick me dijo que un cliente te había dado problemas y que te traía a casa. ¿Qué demonios ha pasado, Miley?
Estaba buscando una contestación que no preocupara a su padre cuando oyeron un coche que llegaba a la casa.
Dos segundos después, Nick estaba en el comedor. Pasó junto a Fred, dejó el sombrero en la mesa y fue directo a mirarle la cara a Miley.
—¡Maldita sea! —exclamó viendo el gran moratón que le había salido—. ¡No creí que te hubiera dado tan fuerte!
—¿Cómo dado? —explotó Fred—. ¿Quién le ha pegado y qué estaba haciendo en tu habitación anoche?
—¿Te lo ha contado ella?
—¡Claro que no! —exclamó Miley  
—Uno de tus hombres se lo comentó a uno de los míos —le aclaró Fred.
—Muy bien. Lo despido hoy mismo. ¡Nadie, absolutamente nadie, tiene nada que contar sobre Miley  !
Padre e hija se miraron asombrados.
—¿Por qué te asombras tanto? —preguntó Nick a Miley —. ¿Crees que suelo llevar mujeres a mi casa todos los días?
Miley no lo había pensado.
Nick miró a Fred.
—Supongo que tienes derecho a saberlo todo. Ayer, Jack Clark estuvo en Shea's y se pasó con tu hija. De hecho, le puso un cuchillo en el cuello —le dijo. Fred tuvo que sentarse—. Harley y yo estábamos fuera, habíamos llegado a la vez, y entramos corriendo al oír jaleo. Allí nos encontramos con Miley con el cuchillo en el cuello. Los dos intentamos pegarle, pero pudo con nosotros. Menos mal que apareció Grier, lo redujo y se lo llevó —añadió mirando a Miley —. Tu hija estaba cubierta de sangre y tenía tal susto en el cuerpo que no podía ni andar. Pensé que era mejor que no la vieras así. Por eso, la llevé a mi casa, le curé las heridas y la tranquilicé.
Fred tomó la mano de su hija entre las suyas.
—¡Ay, cariño, cuánto lo siento!
—No pasa nada, papá. Queríamos evitarte un disgusto.
Nick sacó el móvil y marcó el número de su capataz.
—Le dices a Carl Tumey que está despedido. Le pagas y que recoja sus cosas antes de que yo vuelva. ..Sí, es cierto, pero Clark está detenido. Sí, sí. Bueno, que Carl no esté cuando yo llegue.
Colgó furioso. No se podía creer que uno de sus hombres se pusiera a contar cotilleos.
—Eso, por cotilla.
—Gracias, Nick —dijo Fred—. Perdona por haber sacado conclusiones equivocadas, pero es que... bueno... normalmente, cuando un hombre se lleva a casa a una mujer por la noche... es para...
—¿Seducirla? —dijo Nick mirando a Miley .
—Sí —contestó Fred incómodo.
—No sé si es el momento de decírtelo, pero te aseguro que, en el futuro, lo haré.
FRED se quedó como si se hubiera tragado un pollo entero. 
Se puso rojo.
Intentó olvidar que Nick le había prestado el dinero para sacar adelante el rancho. Lo único que le importaba era el bienestar de su hija
—Mira, Nick...
—Era broma —le aseguró Nick—. No tienes de qué preocuparte, Fred. Conmigo, siempre estará a salvo —añadió tomándola de la mano y levantándola —.Tenemos que ir a ver al juez. Quiero que vea cómo le ha dejado la cara. No creo que haya problema para denunciarlo por agresión — concluyó con frialdad.
Miley se sentía protegida a su lado. 
Nick la miró con ternura.
Fred se dio cuenta de lo que estaba pasando. 
A juzgar por su mirada, su hija, no.
Miley debía de creer que Nick solo se estaba comportando como un hermano mayor.
—¿No queréis desayunar primero? —ofreció Fred.
Nick miró la mesa. Beicon, huevos revueltos, café y... bizcochos. ¡Bizcochos! Soltó la mano de Miley y se acercó, tomó uno y lo partió. Estaba esponjoso y olía de maravilla.
Sin darse cuenta, se sentó, tomó un plato, puso mantequilla y mermelada sobre un bizcocho y lo probó. Suspiró de placer.
—Se me había olvidado lo de los bizcochos —comentó Miley a su padre.
—Tal vez los tendríamos que haber guardado para darle una sorpresa.
Nick cerró los ojos en éxtasis mientras masticaba.
—Llegamos tarde al juzgado, seguro —comentó ella.
—Si sigue a esa velocidad, se los habrá terminado en diez minutos —río Fred.
—Voy a por otro plato. Tú y yo nos podemos tomar los huevos y el beicon —apuntó Miley encantada con que sus esfuerzos culinarios se vieran, por fin, recompensados.
Nick siguió comiendo como si estuviera solo en el mundo.
—¿Quién los ha hecho? —preguntó cuando se los terminó.
—Yo —contestó Miley .
—Pero si no tenías ni idea de cocinar...
—Bueno, como Marilee me dijo que no te gustaba precisamente por eso... aprendí.
Nick le tomó la mano.
—Te mintió, pero permíteme decirte que estos bizcochos están deliciosos.
Miley sonrió tímidamente.
—Te los hago cuando quieras.
—Todas las mañanas —contestó él mirándola posesivo—. Estoy dispuesto a venir a desayunar todos los días... si a tu padre no le importa.
—A su padre no le importa — murmuró el aludido.
—Estás como si le estuvieras dando vueltas a algo —le dijo Nick a Fred.
—No, estaba pensando en mis cosas. Nada preocupante.
Nick miró a Fred a los ojos y comprendió. 
Asintió y sonrió. 
Estaba claro que Fred no estaba ciego.
—Bueno, me voy a ver al ganado —anunció el hombre levantándose—. Por cierto, ¿qué tal tu toro?
—Tiene cólico. Ya está en tratamiento. Nada grave.
—Me alegro. Ya me estaba temiendo que Clark le hubiera hecho algo.
—No, ese tipo se va a pasar una buena temporada entre rejas. Lo que me recuerda, Miley que tenemos que irnos.
—Sí, vamos —contestó ella levantándose.
Nick la miraba con fascinación y Fred se dio cuenta de que su amigo estaba completamente enamorado.


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