miércoles, 20 de marzo de 2013

Un rencuentro volatil cap 25


Los ojos de Demi se llenaron de lágrimas y tuvo que parpadear varias veces para controlarlas mientras intentaba seguir comiendo, recordando las muchas veces que había cenado sola en el sur de Francia cuando su matrimonio empezó a resquebrajarse.

Mientras ella estaba rota por el dolor, Joe se había enterrado en el trabajo hasta elpunto de hacer que se sintiera sola y abandonada…

Aunque tal vez ella misma lo había empujado a la oficina, recordándole a todas horas que no sabía si debía seguir con él.

Entonces recordó el chantaje de su padre y estuvo a punto de echarse a reír.
La historia se repetía con el nacimiento de una hija ilegítima.

Una vez, ella había sido esa niña, pero al menos había nacido antes de que su padre, Anatole, se hubiera casado con su mujer, la madre de Cosima.
En aquel momento entendía lo que era estar al otro lado.

Estaba resentida contra una niña que no había pedido nacer, y darse cuenta de eso hizo que sesintiera más desconcertada que nunca.

Seguramente sería más fácil marcharse que quedarse e intentar que su matrimonio funcionara en tales circunstancias.
Pero el camino más fácil no era necesariamente el mejor.

La señora Jones la acompañó a su habitación, con expresión alegre porque la casa estaba ocupada por fin, aunque fuese temporalmente.

Demi intentaba no escuchar el llanto de Lili en el piso de arriba.
Tenía que pasar algo raro para que un bebé llorase a todas horas… pero de inmediato decidió no pensar en ello.

Había un montón de bolsas sobre la cama de la elegante habitación de invitados y dentro encontró un camisón, una falda, un jersey y ropa interior de su talla.

Eso era lo bueno de tener un marido mujeriego, que tenía buen ojo para las tallas y sabía qué tipo de ropa le quedababien a cada mujer.

¿Pero era Joe un mujeriego?

Debía admitir que no había tenido razones para dudarde su fidelidad mientras vivían como marido y mujer.
Y había sido ella quien había roto su matrimonio.

Demi se daba cuenta de que el dolorhabía teñido todo lo que sentía entonces, afianzando su convicción de que Joe sólo se había casado con ella porque estaba embarazada.

La muerte de su hijo la había convencido de que no había ninguna razón para que siguieran juntos, y las constantes ausencias de Joe eran su manera de decírselo.

Pero ahora, sabiendo que se había dado a la bebida mientras estaban separados, algo queél mismo había admitido, pensó que tal vez había supuesto demasiado.

Después de darse una ducha, Demi se puso el camisón para irse a la cama… pero Lili seguía llorando en el piso de arriba y, finalmente, cuando no pudo soportarlo más, salió de la habitación y fue a buscar a Joe .

Estaba en el estudio trabajando sobre un grandioso escritorio de caoba que era mucho más el estilo de su padre que el suyo propio.

Cuando la vio entrar, de inmediato apartó la mirada del ordenador.

–¿A qué debo este honor? – le preguntó, disfrutando al verla con el camisón que él le había regalado.

La costosa seda de color turquesa se pegaba a su cuerpo, marcando la curva de sus pechos y los duros pezones…
Joe se excitó con dolorosa inmediatez.

El escote del camisón mostraba sólo unos centímetros de piel, pero esa piel aterciopelada le pareció lo más erótico que había visto nunca.

–Seguramente pensarás que no es asunto mío, pero cuando un bebé llora tanto como Lili…

Demi pronunció el nombre de la niña en voz alta por primera vez y su voz se rompió ligeramente
– alguien debería llevarla al pediatra.

Él se levantó del sillón, estirando su metro ochenta y cinco.

–La llevé al pediatra en Londres. Aparentemente, sufre de un eccema infantil que se lo hace pasar muy mal, pero le ha puesto un tratamiento.

Demi experimentó la primera ola de compasión por la hija de Oleia.

–Espero que funcione – le dijo, intentando que aquello pareciese una conversacióntrivial– ¿Cómo puede soportarlo la niñera?

–Sólo está con nosotros de manera temporal, será reemplazada por otra más experta mañana. No es lo ideal, pero es lo único que he podido hacer a toda prisa.

Ella dejó escapar un suspiro.

–Hablamos como si fuéramos dos extraños – empezó adecir, casi sin darse cuenta.

Sin previo aviso, Joe la tomó por la cintura para apretarla contra su pecho e inclinó la cabeza para besarla con un estudiado erotismo al que Demi no hubiera podido resistirse dos días antes.

Pero había algo helado donde antes había estado su corazón y se quedó inmóvil negándose a sentir nada.

–No – murmuró, apartándose.

–Estás aquí, conmigo – dijo él, con voz ronca – ¿Por qué no?

–Tú sabes muy bien por qué no.

–¿Por qué quieres castigarme por algo que ocurrió hace más de un año, cuando vivíamos separados? – insistió Joe  .

Demi sintió que le ardían las mejillas.
No podía creer que tuviese valor para preguntar eso.

–No estoy intentando castigarte.

–Me apartas de ti otra vez y no pienso aceptarlo – dijo él, mirándola como si fuera un rompecabezas que no pudiera resolver.

–Puede que no tengas más remedio que aceptarlo.

–Esta vez, tú no vas a tomar la decisión por mí – replicó Joe su acento griego más pronunciado que de costumbre –. Sigues siendo mi mujer…

 Demi cruzó los brazos.

–Sobre el papel…

–Ayer, éramos marido y mujer en la cama, no sobre el papel – le recordó él – Fuiste tú quien decidió volver conmigo. Tú decidiste darle a nuestro matrimonio otra oportunidad.

El recordatorio hizo que Demi descruzase los brazos en un gesto defensivo.

–No es tan sencillo.

–Es así de sencillo – afirmó Joe .

Resentida por esa seguridad que la sacaba de quicio, Demi dijo sin pensar:

–No, enrealidad es muy complicado. ¡De no ser por la presión de Anatole, no habría vuelto contigo!

Él frunció el ceño, sorprendido.

–¿De qué estás hablando? ¿Qué tiene que ver tu padre?

Demi lamentó de inmediato haberlo dicho, porque no habría querido contarle la verdad.

–Déjalo, no importa.

–Demi …

Ella respiró profundamente, sabiendo que se había acorralado.
No iba a tener más remedio que contarle toda la historia.

–Mi madre hizo algo que no debería haber hecho… se metió en un lío y mi padre tuvo que ayudarla. Yo no podía hacerlo porque todo mi dinero está invertido en el negocio.

–¿Y por qué no me pediste ayuda a mí? Es tu madre, lo habría entendido.

–Porque al final no sabía a quién elegir. Ni Anatole ni tú sois de los que dan algo a cambio de nada… – Demi sacudió la cabeza – Mi padre piensa que estar casada es bueno para mí y aceptó darme el dinero para solucionar el problema de mi madre a cambio de que volviese contigo. Como él quería algo a cambio de su generosidad, pensé que tú harías lo mismo.

Mientras hablaba, Joe se había puesto pálido.

–Yo no te habría chantajeado para que volvieras conmigo.

–A ti te gusta salirte siempre con la tuya y no sabía si…

–En este caso, puedes estar absolutamente segura – la interrumpió él, con los ojos brillantes – ¡Yo no querría a ninguna mujer en esos términos! No tengo que chantajear a nadie.

–¿Ah, no?

–Yo te habría dado el dinero sin pedir nada a cambio – dijo Joe – Crystal no sabe cuidar de sí misma y no ha sabido hacerlo nunca. Yo sabía eso cuando me casé contigo e imaginé que tarde o temprano necesitarías mi ayuda

–No necesito tu ayuda – insistió Demi .

–¿Ésa es la única razón por la que volviste conmigo? ¿Porque tu padre lo puso como condición para darte el dinero?

–Anatole creía que si me divorciaba de ti acabaría como mi madre. Es un hombre muy anticuado… su mujer no trabaja, su hija tampoco. No entiende que las mujeres pueden cuidar de sí mismas y creía que necesitaba un salvador.

Joe apretó los puños mientras farfullaba una palabrota en griego.


domingo, 17 de marzo de 2013

Dama de treboles cap 93



Nick entró en la habitación y cogió un par de toallas, esponja, jabón, peine.
Ahora lo tenía todo.

Al volver a la cocina, se acercó por detrás a Miley y la abrazó al tiempo que le mordía el cuello; hinchó el pecho con satisfacción al comprobar cómo conseguía erizarle el vello de los antebrazos.

   —¡Nick! —fingió zafarse.

   —El carro no era la única sorpresa. Vamos.

   Miley vio sobre la mesa las toallas y supuso que iban al río.

   —A la cascada.

A Miley le brillaron los ojos y él se felicitó.
Cada día estaba más seguro de saber complacer sus deseos.

Ya en el claro, Nick dejó las toallas en el suelo y la abrazó por la espalda recostando la barbilla en su pelo.

Durante un par de minutos, guardó silencio para que su mujer pudiera disfrutar de la contemplación que tan feliz la hacía.

Por fin se puso frente a ella y comenzó a desabrocharle la blusa.

   —Hay algo que me preocupa desde hace días —confesó Nick.

   —¿Pasa algo? —preguntó Miley con semblante preocupado.

   —No. —Sonrió y ella respiró aliviada—. Me preocupa algo entre nosotros.

Miley levantó la cabeza con brusquedad.
Al notar su desasosiego, Nick le besó el pelo con una sonrisa.
Tantos años reprimiéndose y por fin había logrado liberarse de tanta atadura.

La chica gris de hacía semanas era un modelo de contención, pero su mujer era transparente como el agua.

   —Quiero que seas feliz a mi lado, pero no un poco feliz, tienes que serlo por entero. No me conformo con menos — le explicó peleándose con un botón.

   —Y lo soy, ¿vas a explicarme de una vez qué pasa?

   —Hace días me dijiste que echabas de menos algo de tu vida en las praderas. — Ella sonrió — A mi lado no quiero que eches nada en falta.

Acababa de entender tanto misterio, pero lo empujó con ambas manos por haberla asustado.
Él la atrajo de nuevo y con una sonrisa golosa le levantó la falda.

   —¿Qué llevas debajo?

   Forcejeó con una risita palmeándole las manos.

   —¡Para! Lo que más te gusta —dijo con una mirada tan ingenua como sugerente.

A toda prisa, Nick acabó de desabrocharle la blusa y, mientras ella se la quitaba, se agachó y le bajó la falda y las enaguas hasta los pies.

Ella salió del embrollo de ropa y él le quitó las botas.
Mientras le bajaba las medias, recorrió sus muslos con pequeños mordiscos que la hicieron reír y gritar.

Una vez estuvo ante él descalza y sólo cubierta por el fino conjunto de culote y camisa de seda, le aferró ambas manos y le alzó los brazos para admirarla.

La obligó a girar sobre sí misma; su larga trenza la seguía como una estela.
Sintió una creciente erección, pero se impuso a su deseo.
Aquel deleite tenía que durar.

Miley se soltó de su mano.
Sin mirar atrás, pero consciente de su atenta mirada, se dirigió al remanso.

Introdujo los pies y la primera impresión fue que el agua estaba muy fría.
En cuanto le llegó hasta la rodilla, se sintió mejor que nunca.
Se agachó y con las manos comenzó a mojarse los brazos.

Nick la miraba con codicia.
En aquella postura, la seda permitía una visión de su trasero que le provocó deseos de morder.
Le entraron ganas de acompañarla y empezó a quitarse las botas.

Se acercó a ella y, de pronto, le entró un arrebato de malicia infantil.
Se adentró con sigilo e impulsando un pie le lanzó agua por sorpresa.

Ella reaccionó con un grito por la impresión de notar en su espalda el agua fría y se giró con actitud vengativa.
Trató de hacer lo mismo, pero como desconocía el terreno, perdió pie y cayó de espaldas al agua.

Nick al principio se asustó al no verla salir, pero de repente la vio emerger como una carpa.
No había por qué temer: nadaba como un pez.

Y pudo comprobar por la expresión de su rostro que estaba mitad furiosa mitad divertida.
Lo cierto es que se sintió culpable pero, ¡qué diablos!, habían subido para bañarse.

Él se desnudó ante su atenta mirada luciendo un semblante travieso.

Miley con una sonrisita peligrosa, levantó un dedo acusador para señalar su miembro erecto y desafiante.

   —No esperes utilizar eso esta noche después de lo que acabas de hacer —sentenció.

Nick soltó una carcajada.
Se lanzó al agua y la atrapó entre sus brazos impidiéndole toda posibilidad de escapatoria.

   —Este lugar tiene algo especial, hace que aflore tu faceta más desvergonzada —dijo recorriendo su cuello con pequeños mordiscos—. Prometo portarme bien lo que queda de tarde.

  —Más te vale.


niñas de mi corazon como estan?
lose lo siento si ando perdida pero tengo muchas cosas qe hacer ultimamente ya les contare :)
pero aqui estoy publicando como una muestra de paz para Mari♥ y espero qe asi ella publique IRROMPIBLE♥ ya qe amo esa nove , espero qe leas esto mari y lo hagas :D
las quiero mucho niñas besos de pescaditu' C3
 

Dama de treboles cap 92



A finales de agosto, Miley aprovechaba cualquier momento libre antes de que llegara el tiempo de cosecha.
Cerró el libro sobre la mesa y se sacó un pañuelito del escote para secarse las lágrimas.

Enfrascada en la historia de Jane, había perdido la noción del tiempo.
Ni siquiera se percató de la llegada de Nick que, al verla con los ojos enrojecidos, corrió a acuclillarse frente a ella.

   —Eh, ¿qué está pasando aquí? — preguntó en voz baja —. ¿Qué te ocurre, cariño?
 
   —No es nada. He estado leyendo — aclaró sorbiendo por la nariz.

   —¿Qué?

   Nick parpadeó un par de veces, apretó la mandíbula y se puso en pie de golpe.

   —¿Estás llorando por culpa de este libro? — protestó con él en la mano —. Voy a encender una hoguera con él.

   Miley se levantó, e intentó arrebatárselo, pero él se lo impedía sosteniéndolo en alto.

   —¿Qué estás diciendo? ¡Devuélvemelo!

   —De ninguna manera — aseguró esquivándola —. No vas a leer una historia que te hace sufrir.

   —No son lágrimas de tristeza. Es un libro precioso, trata de una huérfana...

   —¿Una huérfana? — dijo indignado —. Pero ¿en qué estaba pensando Doreen? Me dijo que te encantaría. ¿Es que ha perdido el juicio?

   —Y me apasiona — aseguró arrebatándoselo por fin —. No lo entiendes.

   —No, no entiendo nada.

   Miley sonrió con el libro contra su pecho.

   —A veces se llora de felicidad.

   Dejó el libro sobre la mesa y se abrazó a su cintura.

   —Como vuelva a ver una lágrima más, lo quemaré — susurró Nick sobre sus labios.

La besó con cariño, pero se separó tan rápido que a Miley le supo a poco.
Nick acababa de recordar la sorpresa que tenía para ella.

   —¿Cuándo es tu cumpleaños? — preguntó con una sonrisa enigmática.

   —Sabes de sobra que no lo sé.

   —Pues a partir de ahora, tu cumpleaños será hoy. Ven — la apremió tirando de ella.

Lo siguió mientras salían de la casa casi a la carrera y, en cuanto estuvieron a la altura del establo, Nick la tomó por los hombros y la puso frente al carro.

   —¿Un carro nuevo? — Ella se giró sonriendo con los ojos muy abiertos.

   —Feliz cumpleaños. Es tuyo.

Miley se acercó para observarlo con detenimiento y él la siguió disfrutando de verla tan contenta. Se acodó en el reposabrazos de hierro y esperó a que ella llegase a su altura.

   —Nick, me gusta mucho. ¡Asientos abatibles en la trasera! Te habrá costado una fortuna. — Lo miró preocupada.

   —Menos de lo que crees y, además, nos hacía falta. Es un regalo para ti, pero le daremos uso en el rancho.

Miley dio una vuelta completa.
Al llegar junto a él, observó un detalle y se tapó la boca con la mano.

Se acercó para poder contemplar mejor aquello, tan conmovida que no podía articular palabra.
En el respaldo de madera habían claveteado con tachuelas de latón las iniciales «M.♥ J.».

   —¿Te gusta? Lo primero que pensé fue en comprar un espejo, pero esto nos hace más falta. Cuando llegue la cosecha, lo usaremos para acarrear el heno...

   —Calla y ven aquí, maldita sea. — Se colgó de su cuello.

Sin darle tiempo a salir de su asombro al comprobar que aquella cautivadora boquita se atrevía a proferir maldiciones, lo atrajo hacia ella y lo besó con vehemencia.

Nick recibió aquella reacción con sorpresa y, a la vez que la estrechaba entre sus brazos, entre abrió los labios ofreciéndose por entero. Miley buscó su lengua y él la recibió con ganas de sentirse devorado.

Disfrutaba llevando el mando entre las sábanas, pero se estremecía de placer cuando era ella la que tomaba la iniciativa de besarlo.

Aquella delicia se prolongó durante largo rato y, cuando por fin se separaron, Nick apoyó su frente en la de ella.
Miley mantuvo los ojos cerrados con la respiración todavía agitada.


   —¿Esto significa gracias? — preguntó Nick encantado.

   —Significa gracias y mucho más — respondió sin separarse de él.

   —Ahora tengo que desenganchar los caballos — dijo acariciándole la espalda.

Ella le dio un beso rápido en el pecho y se despidió con una sonrisa.
Nick no dejó de contemplarla mientras se alejaba con paso firme.

Le fascinaba verla caminar con la espalda erguida y la gruesa trenza ondeando a un lado y a otro.
Reparó en el rítmico vaivén de sus caderas.
Aquel suave contoneo se convirtió en una llamada incitante.

Con los ojos entornados, pensó en ceñir aquella cintura estrecha para acercarla a él y decidió que sólo faltaba una cosa para recordar aquella tarde como algo memorable.

No, una no, dos cosas.
 Se rascó la mandíbula.

Para ser perfecto antes debería afeitarse, ya que Miley demostraba especial entusiasmo en prodigarle caricias y mimos cuando estaba recién rasurado.

Saliendo del establo, se topó con Grace que, cesta en mano, caminaba hacia los vallados.

   —Me marcho, Aaron me espera ahí abajo — dijo señalando el camino con la barbilla.

   —¿Qué llevas ahí? — Nick curioseó en la cesta, pensando en algún dulce de los suyos.

   —Ropa tuya para remendar, no seas fisgón — contestó con una palmada en la mano.

En presencia de los peones, Grace guardaba las formas, pero cuando estaban a solas lo trataba con la misma familiaridad que cuando tenía ocho años.

   —Trabajas demasiado, Grace. No me gusta que te lleves trabajo a casa. Ya haces bastante por nosotros.

   —No digas tonterías, me sirve para entretenerme y Miley no puede con todo.

Aquellas palabras le provocaron cierto malestar.
Aún no contaban con suficiente desahogo económico como para contratar a una persona que ayudase a Miley .
De momento, tendrían que seguir contando con la ayuda desinteresada de Grace.

La miró de reojo y sintió una punzada en el pecho al ver cómo habían pasado los años para aquella mujer a la que quería como si fuese de su familia.

Ya no podía ni montar sin ayuda y aún seguía yendo cada día al rancho, como había hecho toda su vida.
Él le acarició la mejilla y ella supo qué significaba, se conocían lo suficiente para no necesitar palabras.

   —¿Te gusta? — preguntó señalando el carro.

La madera recién barnizada relucía al sol y los herrajes eran mucho más exquisitos de lo habitual en un carro de transporte.

   —Es magnífico, ¿es nuevo?  —Él asintió —. Me alegro mucho, Nick. —Sonrió con sinceridad al ver que le iba cada día mejor.

   —Es un regalo para Miley — confesó orgulloso.

   Grace se alegró tanto que le tomó la cabeza entre las manos y le dio un beso en la frente.

   —¡Ahora sí que estoy contenta! Es una buena chica, se lo merece todo.

   —La mejor — aseguró —  Pero tú también eres una buena chica.

La alzó en volandas y la besó en la mejilla.
Ella lo obligó a parar, escandalizada por hacerla partícipe de aquella clase de juegos a su edad.

   —¡Para ahora mismo! ¿Quieres que nos vea Aaron y te pegue un tiro? — bromeó.

   —Está demasiado lejos para vernos —aseguró con una sonrisa maliciosa.

Miley mientras doblaba ropa, sonreía viendo la escena a través de la ventana.

Le extrañó que Nick rodease la casa hacia el lavadero y, cuando entró recién afeitado, ya no supo qué pensar.


 

Dama de treboles cap 91


A esas horas, en Denver soplaba una agradable brisa veraniega.
John y Elisabeth cruzaban Capitol Hills después de dejar a los padres de ella
.
Él había comido con la familia en el hotel Albany y, tras acompañar al matrimonio a casa, se empeñó en enseñar a Elisabeth una de las obras en las que estaba trabajando.

   A Clifford Watts le pareció una hora demasiado temprana para salir, e invitó a John a tomar un brandy con él. Pero la pareja insistió en ir cuanto antes a ver las obras del futuro hotel Brown.

   —¿Qué tal le va a tu padre con la búsqueda de su sobrina? No he querido mencionar el tema durante la comida porque noto que le duele hablar de ello — preguntó cuando llevaban ya un buen trecho recorrido.

   —Mal. — Frunció los labios — Sin noticias. A veces pienso que es una tarea imposible, pero ante él tengo que mostrarme esperanzada.

   —Entiendo. No hablemos de cosas tristes. —Le acarició la mejilla.

Cuando llegaron a la altura de la calle Lincoln, John se detuvo para que Elisabeth pudiera contemplar el majestuoso edificio en construcción.

La estructura se alzaba en la esquina de la Diecisiete con Broadway y sólo alcanzaba de momento hasta la cuarta planta.

Aun así, permitía adivinar que una vez finalizadas las obras, nada sería comparable en la ciudad al moderno hotel Brown Palace.

   —Es imponente —aseguró impresionada.

   —No es más que un esqueleto — le quitó importancia —. Pero lo será cuando esté acabado. ¿Quieres saber por qué se levantará este edificio? Al señor Brown no le dejaron entrar en el Windsor por ir vestido como un vaquero, así que decidió construirse su propio hotel. Es admirable, uno de los hombres más ricos de Colorado y tan humilde como cualquier jornalero.

   —¿Por qué te lo han encargado a ti?

   —Mi hermano y yo ya hemos colaborado otras veces con Frank Edbrooke, el arquitecto. Sabe que trabajamos bien y no nos cuesta entendernos.

   Mientras se acercaban a la obra, Elisabeth lo escuchaba con interés y a John no le pasó desapercibida la admiración que despertaba en ella.

   —¿Te apetece subir? —le tendió la mano.

   Elisabeth miró a un lado y a otro para asegurarse de no ser vistos. Le sonrió y se aferró a su mano con decisión.

   John la condujo a través de lo que en el futuro sería el inmenso lobby del hotel hasta los pies de una escalera provisional.

   —¿Crees que se llenará? Parece que será un edificio inmenso.

   —Sí, tendrá ocho pisos.

   —¿Ocho? —preguntó con los ojos muy abiertos. John asintió, encantado de verla tan interesada por la que consideraba su mejor obra.

   —Se llenará, seguro. Denver no para de crecer.

   —Eso es bueno para tu negocio.

   —Muy bueno.

Subían la escalera con cuidado.
John delante y Elisabeth detrás, sin soltarle la mano.

A cada planta que ascendían, ella se pegaba más a la pared.
Por fin alcanzaron la cuarta y salieron al exterior.

Era una inmensa superficie ocupada por un bosque de recios pilares de ladrillo macizo, preparados para recibir las vigas del piso siguiente.

Elisabeth dio una vuelta sobre sí misma.
La vista sobre la ciudad era un espectáculo
asombroso.

   —Estarás muy orgulloso.

   —Hago mi trabajo, eso es todo — confesó encogiéndose de hombros —. Pero no lo voy a negar, cuando lo vea acabado me sentiré muy satisfecho.

Elisabeth lo miró embelesada.
No le costaba nada entender por qué las hermanas del hospital lo recibían siempre con los brazos abiertos.
Cada vez que lo veían llegar, se formaba un revuelo.

Todas lo recibían sonrientes, entre maternales y alborozadas.
Sin proponérselo, su sencillez unida a su enorme atractivo, hacían de él un auténtico seductor.

Se aproximó al vértice en forma de proa de barco, donde se unían las dos fachadas laterales y John corrió a sujetarla por la cintura.

   —No te acerques tanto — dijo arrastrándola hacia atrás.

Elisabeth apoyó sus manos en las de él y giró la cabeza.
John pudo apreciar en su mirada un brillo de emoción por la cercanía de sus cuerpos.
De la mano, la condujo hacia el hueco de la escalera.

    —Bajar aún será más peligroso — comentó un poco preocupada.

   —No te sueltes de mi mano. Yo iré delante. Si caemos, prefiero que lo hagas sobre mí antes que aplastarte.

Tal como las palabras salieron de su boca, la imaginación de John empezó a visualizar su cuerpo sobre el de Elisabeth y se le aceleró la respiración.

En realidad, soñaba con sentir su cuerpo debajo del suyo, o encima, daba igual.

Cuando llegaron al segundo piso, en lugar de continuar bajando, la llevó hasta la columna más cercana.

   —Quedémonos un rato —le rogó.

Quería prolongar todo el tiempo posible el poder estar a solas con ella.
Elisabeth se quedó frente a él sin mostrar resistencia.
Su silencio y su sonrisa tímida equivalían a un sí.

   —Y tú, ¿estás orgullosa de ti misma?

   —Mi vida no tiene nada de particular.

   —No es eso lo que me han dicho —dijo rodeando su cintura—. Las hermanas cuentan maravillas de ti. Muy pocas chicas dedican su tiempo a leer cuentos y jugar con los niños enfermos.

   —Algunos están muy solos. Sus padres trabajan todo el día y no pueden acudir a verlos tanto como quisieran. Es lo menos que puedo hacer.

   —Eres un ángel — susurró —. Tienes un montón de amor para dar, ¿verdad?

Elisabeth lo miraba en silencio, no le importó que viese en su interior como a través de un cristal. Su corazón rebosaba amor y ya tenía dueño.

   —¿Recuerdas el 23 de julio? — preguntó él con un matiz sensual. — Era martes — murmuró con la respiración agitada por su cercanía —. Ese día empezamos a tutearnos.

   —¿Lo recuerdas por eso? —Le acarició la mejilla con la nariz.

   —No.

Elisabeth lo retiró un poco para poder verle los ojos.

¿Cómo iba a olvidarlo?
Ese martes lo recordaría siempre como el día en que la besó por primera vez.

   —Me muero por besarte — dijo John en un susurro.

   —Lo has hecho un montón de veces. ¿Desde cuándo tienes que pedirme permiso?

   —Me parece que aún no sabes lo que es un beso — dijo en voz baja acariciándole la barbilla con el pulgar.

Se inclinó sobre ella y la besó con una pasión intensa y poderosa.
Elisabeth se estremeció de pies a cabeza sacudida por una explosión de placer.
Aquella excitante posesión no tenía nada que ver con la dulce caricia de los labios de él sobre los suyos.

Cuando John alzó el rostro, se llevó los dedos a los labios desconcertada, los sentía latir.
Hizo lo que le pedía su corazón y, sin dudarlo, le rodeó el cuello con los brazos.

John, sin dejar de mirarla a los ojos, esbozó una sonrisa.
La estrechó oprimiéndola contra su cuerpo y sus bocas se fundieron en una.

Ninguno de los dos olvidaría aquella tarde de domingo en la solitaria penumbra de un edificio en obras.



jueves, 14 de marzo de 2013

An obsession with the past cap6


Despertó con una sensación de desolación; se había quedado dormida sobre el ancho reborde de la ventana y se puso de pie con dificultad; con movimientos desganados.

Palpando los muebles en la oscuridad, localizó el interruptor de la luz.

"Si sólo pudiera desvanecer la oscuridad en mi interior", pensó desesperada al contemplar su solitaria cama, sabiendo que no podría dormir si antes no aclaraba el asunto.

Contrario a lo que había planeado antes, aturdida por la sorpresa, sabía que no podría pasar la noche y el resto de ese interminable fin de semana sin discutir la situación con Joe .

Necesitaría armarse de valor para dirigirse a la habitación de donde él la echó después de su enfermedad.
Pero lo lograría, tenía que hacerlo.

Cuando ella entró a South Park por primera vez como su esposa la llevó aldormitorio principal;  fue allí donde vivió esas noches de éxtasis y albergó la esperanza de que un día, tarde o temprano, él llegaría a amarla, como ella lo amaba.

Fue allí donde concibió al hijo de ambos.

Pero cuando regresó del hospital, descubrió que habían llevado sus pertenencias a la habitación que ahora ocupaba,  él le explicó que sería mejor que durmieran separados hasta que ella estuviera plenamente recuperada.

No fue cruel, pensó ahora con un leve estremecimiento.
Nunca lo fue; siempre fue un esposo considerado, cariñoso y apreciativo... aunque exigente.

Incluso después del accidente y de su aborto, cuando cualquier afecto que pudo sentir por ella murió junto con su hijo, siguió tratándola con respeto y cortesía.

Eso hacía que su crueldad, al llevar allí a Zanna y a su hijo fuese más devastadora.
Sin embargo, él no era un hombre cruel, era seguro de sí mismo, e implacable en los negocios, enigmático a veces y en ocasiones exasperante, era todo eso y más, pero nunca deliberadamente cruel.

Segura de eso, se sujetó el cinturón de la bata deseda y salió de su habitación, con la boca apretada en un gesto de determinación.

No se quedaría sumisa, viendo su vida y su matrimonio destrozado sin hacer algo para evitarlo.

Era una vana esperanza pensar que Joe se quedaría a su lado porque nunca la amó, y sobre todo porque, después del accidente y el aborto, le informaron que talvez jamás volvería a concebir.

Además se agregaba el hecho de que ahora podía tener a la mujer que antes dominó su vida y al hijo que procrearon juntos, pero ella era optimista.

¡Tenía que serlo, para haber aceptado casarse con él!

Pero incluso eso le falló cuando llegó al punto donde el pasillo se desviaba a la izquierda, justo antes de llegar al dormitorio principal.

Con la casa llena de invitados ytodas las habitaciones ocupadas, ¿en dónde podía dormir Zanna, si no era en la cama de él?

Entrar a la suntuosa habitación y encontrarlos juntos en la cama era algo a lo que simplemente no podría enfrentarse.

La determinación que la llevó hasta allí la abandonó, dejándola débil y temblorosa, apoyada contra la pared mientras trataba decalmar los frenéticos latidos de su corazón.

Pero si los encontraba juntos, eso aclararía las cosas de una vez por todas, ¿o no?, se dijo cansada.
No podía pasar el resto del fin de semana sin saber lo que sucedía, sin estar segura.

Ahora había superado la conmoción y tenía que saberlo.
Se apartó de la pared y caminó decidida por el pasillo iluminado por una luz tenue, pero jadeó angustiada al ver el destello de una lamparita de noche que salía por la puerta entreabierta de la habitación de los niños.

¡Joe y Zanna instalaron a su hijo en la habitación que ella decoró con tanto amor para su bebé!
¡No sabía cuánto más podría soportar!

Sin embargo, impulsada por una extraña necesidad, se acercó en silencio a la puerta abierta, caminando como una sonámbula.

Entonces los vio.
El niño dormido y los padres contemplándolo.

Joe , teníael cabello alborotado, la bata de felpa revelaba sus largas piernas musculosas cubiertas de vello, y apoyaba un brazo sobre los hombros desnudos de Zanna...desnudos excepto por los delgados tirantes que sostenían el ceñido camisón de satén. Lo escuchó decir en voz baja:

 —No te preocupes, todo saldrá bien. No hay un hombre en el mundo que no esté dispuesto a acoger a un niño en el seno de su familia. Y yo no soy la excepción.

—¿QUE fue lo que sucedió?— quiso saber Miley y en su rostro redondo había una expresión seria.

Demi  se volvió hacia ella, apartándose de la ventana desde la cual estuvo contemplando la calle desierta de la aldea, ese domingo por la tarde y replicócon toda calma.

—No sucedió nada, quiero volver a trabajar. Muchas mujeres casadas lo hacen

Esa era su historia y se apegaría a ella.
Aunque fuera su mejor amiga, no podía confiar en Miley su comentario, con toda razón, sería:
 "¡Te lo dije!"

 — Si tú lo dices—replicó la otra joven despacio y luego se puso de pie de unsalto, con una sonrisa jovial—  Prepararé algo de beber y luego veremos lo que hay enlos libros. ¿Quieres té o café?

— Oh... té, por favor

Demi  se dominó... estaba a kilómetros de distancia, preguntándose cómo se enfrentaría a la vida sin Joe , vio que su amiga alzaba las cejas y se advirtió que debía ser más cuidadosa.

Vio que Miley se dirigía a la cocina del pequeño apartamento arriba de la oficina, inhaló una bocanada de aire y luego exhaló despacio.

Hasta ahora lo habí ahecho bien.
La lucha para recuperar su dignidad había empezado y se sentía orgullosa de eso.

Esa tarde, tan pronto como se despidieron los últimos invitados, decidió ir a su auto a ver a Miley.
No había vuelto a conducir desde el accidente.

Joe iba al volante ese día aciago, cuando un joven ebrio salió a toda velocidad de una curva y causó el accidente que le costó la vida al hijo que esperaba.

Joe no pudo hacer nada por evitarlo y fue una casualidad que él saliera con heridas y contusiones leves, mientras que ella fue internada en el hospital por una severa contusión, varias costillas rotas yen peligro de aborto.

Cuando se armó de valor y sacó su auto, dio el segundo paso positivo en elcamino hacia la recuperación de su dignidad.

El primero fue cuando Joe se volvió hacia ella después de despedir a sus últimos invitados y le informó en voz baja, pero con una firmeza que no toleraba la menor discusión:

—Acompáñame al estudio, Demi  . Hay algo que Zanna y yo debemos decirte.

Se dirigió a la casa bajo la luz del sol, que hacía brillar el cabello negro yresaltaba los planos duros y angulosos de su cara, pero si había alguna expresión enlos ojos grises, ella no pudo descifrarla.

No obstante, esta vez decidió discutir y defender su posición, así que replicó convoz calmada:

 —Lo siento, tengo una cita. Lo que vas a decirme tendrá que esperar.

Por lo menos hasta que ella hubiera organizado las próximas semanas de su vida y pudiera presentarle a su esposo un fait accomplit.

Sabía muy bien lo que Zanna iba a decirle yella debía ser quien hablara primero.

En todos los juegos había ganadores y perdedores, pero estaba decidida a asegurarse de que, por lo menos en apariencia, nosaliera de ese horrible lío en segundo lugar.

Ignorando el repentino gesto de cólera en la apretada boca de él, Demi  se alejó hacia la cochera.


An obsession with the past cap5



Si él supiera lo mucho que eso la destrozaba, la compadecería aún más y ella simplemente no soportaría eso.

Así que replicó en voz baja, apartando la cabeza comosi el contacto de él, en vez de hacerla sentir un insoportable anhelo, la disgustara.

— ¡Tendré que creerte... pero muchos no lo harán! — que interpretara eso como quisiera, siempre y cuando jamás se enterarade la verdad... de que lo amaba tanto, que moriría por él si fuese necesario —. Creo que me iré a la cama — giró sobre sus talones, sinmirarlo — Te agradeceré que me disculpes con los demás.

Por supuesto no durmió, ni siquiera lo intentó.

Se quedó pensando en su matrimonio en ruinas; mientras la luz se desvanecía al final de ese glorioso día del mes de junio, sentía que lo amaba y lo odiaba al mismo tiempo.

Su amor se inició con un enamoramiento juvenil.
Tenía quince años y soñar con el atractivo Joseph Savage era algo que estaba de moda entre las jóvenes de la aldea.

Recién egresado de Oxford conducía autos de carreras y cada fin de semana llevaba a casa una novia diferente, o por lo menos eso decía.

Su madre había fallecido hacía muchos años y su padre empezaba a perder el contacto con la realidad, James, su hermanó menor, se negaba a tener nada que ver con el decadente negocio de la familia, dejando en manos de Joe la responsabilidad de trabajar para recuperar su fortuna.

Mientras contemplaba el atardecer desde su solitaria ventana Demi se preguntó que habría sido de James.

Lo último que supo de él, por Joe fue del fallecimiento de Lisa, la esposa de James, en algún lugar del extranjero.

Debió averiguar algo más, escribirle para expresarle su simpatía.

Nunca conoció a Lisa; James y ella ni siquiera asistieron a su boda con Joe hacía dos años.

Sabía que los hermanos habían discutido, y Joe se negaba a hablar de su hermano menor.

Y en esa época, se dijo disculpándose.... sufría mucho por haber perdido a su hijo, sin embargo, debió hacer un esfuerzo y expresarle sus condolencias...Suspiró.

No sabía por qué, en ese momento, pensó en James.

Debió ser porque, al rememorar una época anterior, cuando se enamoró del inalcanzable Joe Savage revivió un incidente que recordaba con absoluta claridad.

Debió suceder hacía unos cinco años....

Miley , su amiga íntima y ella, acababan de iniciar un negocio propio, y decidieron disponer de un rato libre para asistir al baile del primero de mayo en el ayuntamiento de la aldea.

Joe y James estaban allí, como de costumbre, para entonces las compañeras de Demi habían superado su enamoramiento platónico del heredero de South Park y habían encontrado novio entre los jóvenes de la localidad, menos encumbrados, y por lo mismo más asequibles.

Pero no Demi , por supuesto.
Lo que empezó como un enamoramiento de colegiala se convirtió en amor.

Nunca, se lo confió a nadie, ni siquiera a Miley; guardó el secreto... como si fuera un vicio pernicioso... y por lo visto sólo James adivinó la verdad.

Esa fue la primera vez que vio a Zanna, quien llegó al baile del brazo de Joe , como una orquídea exótica en un campo de margaritas; James los seguía malhumorado, era una pálida copia al carbón de su devastador hermano.

Más tarde, James la sacó a bailar, y le comentó:

 —Nunca tuviste mucha oportunidad; Joe siempre se ha sentido atraído por las especies más raras. Pero esta vez, lanzó su red y atrapó a la incomparable Zanna Hall, de manera que tú, mi pequeño gorrión, no tienes ni la más mínima esperanza.

Se sintió muy mortificada al ver que él había adivinado la verdad y no pronunció una sola palabra.

Además, por la forma en que Joe miraba a la nueva mujer en su vida, era evidente que estaba enamorado.

Ahora se preguntó si James envidiaba la facilidad de su hermano para conquistar a las mujeres más bellas y si eso fue el motivo de su disputa.

En cualquier caso, James se casó poco tiempo después.

En ese entonces trabajaba en el extranjero, como ingeniero civil y hasta donde ella sabía nunca llevó a Lisa a South Park.

Se preguntó si se habría sorprendido al saber que su hermano se casó con la insignificante Demi Garne, en cambio, estaba segura de que no lo haría cuando se enterara de que el matrimonio había fracasado.

Sus palabras en ese baile del primero de mayo resultaron proféticas.


miércoles, 13 de marzo de 2013

An obsession with the past cap4



Hacía meses que él no quería verla, ni tocarla, y ella no sabía por qué.

Casi desafiante, se quitó los zapatos y alzó las manos para desabotonarse la blusa, pero su desesperado truco no dio resultado, porque él comentó inexpresivo

—Zanna Hall está aquí —Demi se quedó paralizada, de espaldasa él, mientras el corazón le latía apresurado, pues había llegado el momento decisivo.

 El iba a decirle algo que ella no creía ser lo bastante fuerte para resistir.
 Continuó serio y con voz controlada

—Con su hijo. Harry, tiene dos años. Se alojarán aquí varios días.

—Ya veo —no podía culparla si su voz sonaba desinteresada.

La única forma de controlar la situación era fingiendo indiferencia.

Mirando hacia atrás, se sentía agradecida porque él jamás le dijo que la amaba, nunca pronunció esas palabras que ella habría querido escuchar, que habrían abierto la represa de su profundo amor por él, y le habrían hecho confesar la fuerza de su pasión.

Si hubiera sido tan estúpida para hacerlo, ese fin de semana habría si domás humillante, más degradante...

— ¿No vas a preguntarme por qué?

Se había movido.
Por su voz, Demi sabía que ahora estaba mucho más cerca y se estremeció, replicando brusca.

—No .

ya sabía por qué Zanna estaba allí, con el hijo de Joe ; no necesitaba que él se lo explicara.

A ciegas, sacó del armario el primer vestido que encontró,todavía dándole la espalda, porque no soportaría ver el rechazo en sus bellos ojos, cuando él le dijera que ya no la quería como esposa.

El lanzó un juramento en voz baja, casi inaudible y Demi con el vestido apretado contra su pecho como si fuera una armadura, lo oyó decir con el primer asomo de tensión en su voz:

—Por alguna razón que sólo ella conoce, la señora Penny se negó a preparar una habitación para Zanna y el pequeño Harry .

Demi captó el tono más suave al mencionar al niño.
Su hijo, ese hijo que él tanto deseaba y que ella no pudo darle.

Y ahora le pediría quese encargara de instalarlos con comodidad.
¡Eso era increíble!

Y vio que estaba en lo cierto cuando él continuó, con una intensa emociónmatizando su voz

— Me pregunto si tú querrías...

—Ya te he dicho que no dispongo de mucho tiempo — estaba preparada; aprendió ese truco desde que se obligó a aceptar el hecho del creciente desagrado de Joe hacia ella. Era un mecanismo dedefensa muy útil —. Por lo visto tú los invitaste. Encuentra un lugar en donde puedan dormir... no me importa en donde, eso es cosa tuya  —se alejó a toda prisa, rígida como un autómata y cruzó la habitación yendo hacia el baño, con el vestido aún apretado contra su pecho.

Su voz sonó fría y no supo cómo lo logró, pues en su interior sesentía a punto de gritar y el corazón le latía apresurado; cerró la puerta con fuerza y corrió el pestillo, apoyándose contra la pulidamadera oscura.

Desde luego, no porque pensara que Joe trataríade seguirla; había perdido todo interés en ella desde que abortó a su hijo.

Ahora se trataban como desconocidos... sólo esa tarde, él rompió el habitual distanciamiento, más grande cada vez desdeaquella terrible noche, hacía tres meses.

Y no le satisfacía en lo más mínimo saber por qué lo hizo pensó colérica mientras se quitaba la ropa con manos temblorosas.

—¿Te sientes bien?

Lo último que esperaba era esa rara demostración de compasión, viendo cómo se suavizaba su gesto regularmente adusto.

Pero luego pensó, esquivándolo mientrassujetaba con fuerza la bandeja con el servicio del café, que tai vez sentía lástima por ella.

Y su compasión era lo último que quería.

—Estoy bien. ¿Por qué no habría de estarlo? — preguntó desafiante, pero se arrepintió de ese impulso, porque no quería darlela oportunidad de decirle el porqué no debería sentirse bien.

La cena fue una severa prueba que prefería olvidar, Zanna, con su vibrante belleza y su agudo ingenio, se había convertido en el centro de laatención.

¡Y sólo el cielo sabía lo que estarían pensando los Clarke!
Donald Clarke era el contador de la compañía de Joe desde la época de su tempestuosa relación con Zanna.

En aquel entonces, ella vivía por temporadas en South Park, y muchos fines de semana actuaba como la anfitriona.

Donald y Mavis debían estar ardiendo en deseos de retirarse a su habitación para comentar el escándalo del regreso de Zanna.

Difícilmente habrían podido olvidar la obsesión de Joe por la mujer que, incluso entonces, dejaba a su paso una estela de corazones destrozados, ni la desolación de él cuando también lo abandonó.

—Pensé que tal vez tenías una de tus jaquecas — comentó Joe con tono nervioso y expresión preocupada — Estás muy  pálida — le quitó la bandeja de las manos y esperó frente a la puerta de la cocina para que ella lo precediera.

— ¡Gracias! — se refería a su poco halagadora descripción, no asu ayuda con la bandeja.

Era cierto, desde el accidente en la carretera que dio por resultado la pérdida de su hijo, padecía violentas jaquecas, como consecuencia no sólo de la concusión, sino también del pesar.

¿Pero tenía que hacerle ver que al lado de la resplandeciente belleza de su ex amante y madre de su hijo, ella parecía un triste ratón anémico?

— Si quieres retirarte, te disculparé con nuestros invitados — le ofreció él cuando cruzaron juntos el amplio vestíbulo, ella lo mirórápidamente, con un destello de desconfianza en los brillantes ojos verdes.

Pero en vez del sarcasmo que esperaba ver en su semblante del deseo de deshacerse de ella y enviarla a la cama, fuera delcamino, sólo vio compasión.
Desvió la mirada de inmediato, sintiendo en los ojos el escozor de las lágrimas.

Hacía mucho tiempo que sabía que lo estaba perdiendo y trató de negarlo, de aferrarse a una esperanza, pero su acción de llevar allí a Zanna y a su hijo,significaba que esa esperanza se había desvanecido.

El estaba demasiado cerca; su pecho musculoso de anchos hombros, y las caderas angostas moldeadas por el pantalón oscuro, hicieron que Demi sintiera una dolorosa opresión en el corazón y contuviera el aliento, sofocando un sollozo; él dejó la bandeja sobre una mesa a un lado de la pared y le enmarcó el rostro con sus manos,mirándola con simpatía y apretando la boca cuando le dijo:

—Lo siento, Demi . Lo último que deseo es causarte dolor.

En ese momento ella le creyó.
Su obsesión por Zanna era legendaria y aún lo perduraba, tal vez incluso a pesar de él.

No había nada que pudiera hacer para evitarlo, y la existencia de su hijo hacía que le fuera imposible resistirse a ella.

Demi trató de controlarse y luchó con el impulso casi irresistiblede apoyar la cabeza contra el pecho de él y llorar por el amor que perdió, sin haberlo tenido jamás.