viernes, 19 de abril de 2013

An obsession with the past cap11


Demi recordaba, como si hubiera sucedido ayer, la mañana en que Joe entróa la agencia de empleos.

Explicó que la señora Penny había sufrido una caída y tenía una cadera fracturada, y que pasaría meses antes de que estuviera en condiciones devolver a trabajar.

Todos sabían que no hacía mucho tiempo que Zanna se había alejadode su vida. 
Se compadeció de él, porque sabía lo que era un amor sin esperanza.

Pero  por lo menos, Joe conoció una época de intensa felicidad al lado de la mujer por la que todos sabían que estaba obsesionado.

 — Necesito un milagro... alguien capaz de desempeñar varias tareas  — confeso y sus rasgos austeros se suavizaron con una sonrisa que últimamente dejaba ver muy rara vez — Alguien que pueda actuar como una de llaves temporal, secretaria ocasional y a veces anfitriona, cuando yo reciba a mis colegas de negocios para trabajar durante los fines de semana. Sería por varios meses, hasta que la señora Penny este en condiciones de regresar. Para entonces, espero que habré encontrado a alguien que se encargue de las demás tareas.

Hasta ahora, Demi no sabía qué locura la impulsó a ofrecer sus servicios.

El cielo sabía que Miley y ella estaban demasiado ocupadas con la administración de la agencia en rápida expansión y que su amor secreto por Joseph Savage, ese sentimiento sin esperanza que se negaba morir o desaparecer, se convertiría en una conflagración si era lo bastante tonta para pasar tanto tiempo a su lado.

Por supuesto,Joe no tenía esos escrúpulos. 
¿Por qué debería tenerlos?

Se sintió francamente aliviado e incluso se suavizó la perenne severidad de sus ojos de luchador... todos notaban lo meditabundo que volvió desde que Zanna Hall lo abandonó.

 Respondió complacido:

—Eso sería ideal. Puesto que vives en la aldea, podrías regresar a casa todas las noches y ya que yo trabajaré en el distrito de negocios de Londres la mayor parte de la semana, dispondrás de mucho tiempo para organizar lo necesario para los fines de semana en que yo decida tener invitados. Contarás con ayuda diaria en la limpieza de la casa y no te será muy difícil ocupar el lugar de la señora Penny.

Pero sucedió que pasaba menos tiempo lejos de casa de lo que la hizo pensar, haciendo que su absurdo y desesperado amor por él fuera en aumento, tal y como ella lo predijo.

Wilmer era lo bastante perceptivo para captar ahora su inquietud, porque cuando juzgó que su mano era lo bastante firme para llevarle su taza de café, él la miró a los ojos con una expresión compasiva... y con un gesto interrogante.

Luego se volvióhacia Joe , cuyo silencio parecía contener una amenaza.

 —¿En dónde se aloja?

 —En Bolonia — con voz cortante, nombró uno de los hoteles de más prestigio y dejó el café sin terminar sobre la bandeja — Pero no he venido aquí para intercambiar palabras amables. Me gustaría hablar con Demi , en privado — se dirigió hacia la puerta, como si ya no pudiera soportar la reclusión, interrumpiendo el comienzo de las protestas del otro hombre con tono hosco — Comprendo que ella es su secretaria,Valderrrama, pero en primer lugar y antes que nada es mi esposa.

En el tenso silencio que siguió, Demi escuchó el latido de su propia sangre y resistió el impulso de gritar. 
Se sentía como un hueso por el cual disputaban dos perros.

 — ¿ Demi ? — la voz de Wilmer sonó indecisa — ¿Eso es lo que quieres?

Ella asintió muda. 
En el estado de ánimo en que se encontraba, Joe obtendría exactamente lo que quería, sin importarle los métodos que empleara.

Y  puesto que estaba allí, sería mejor que de una vez por todas terminaran con la desagradable discusión acerca de su futuro.

Cuando eso quedara arreglado, podría hacer las paces con su jefe y asegurarle que no se encontraría atrapado en un desagradable drama matrimonial.

Una vez que Joe obtuviera su aceptación paraun divorcio rápido, ciertamente no querría volver a verla y mucho menos desearía perder su valioso tiempo buscándola y perturbándola en su trabajo.

Joe esperaba en el vano de la puerta, con el ceño fruncido en un gesto de impaciencia y Demi caminó reacia hacia él, con un nudo en el estómago y los pies como si fueran de plomo.

Oírlo expresar en palabras su deseo de un divorcio sería una de las cosas más difíciles, que jamás le habían sucedido.

Pero sobreviviría, se aseguró con firmeza cuando cruzó la puerta con la cabeza erguida y negándose a mirarlo.

 — ¡Por aquí!

Demi se disponía a dirigirse hacia la banca de piedra junto a uno de los muros del patio, pues instintivamente sabía que necesitaría sentarse mientras escuchaba lo que él quería decirle.

Las piernas le temblaban, pero se dio media vuelta al oír labrusca orden; lo vio a abrir la puerta del auto y colérica, retuvo el aliento.

 —¡No me trates como si fuera un perro! — estalló furiosa. Era mejor que élviera su cólera y no su dolor  — No pienso obeceder tus órdenes.

 —Eso he visto. No obstante, sube al auto.

 —Puedes decirme aquí lo que tengas que decir — declaró con firmeza — No hay nadie cerca, estamos en privado.

 — No tengo intenciones de quedarme en la propiedad Valderrama. — le advirtió él hosco — ¿Vienes de buen grado, o tendré que obligarte?

Demi apretó los labios, para contener un tembloroso suspiro. 
La advertencia en la mirada implacable de él era inconfundible.

Sería mejor subir al auto por su propia voluntad, antes de que él la obligara. 
Si volvía a tocarla, su cuerpo la traicionaría, le demostraría lo mucho que aún lo deseaba, lo necesitaba y lo amaba.


An obsession with the past cap10


Demi se encogió en el asiento y cerró los ojos.
¿Por qué no pensó en eso?

Por supuesto que él no le permitiría alejarse simplemente.

Joseph Savage era un hombre determinativo, de un carácter rudo y siempre quería tener el control.
Odiaba los cabos sueltos.
Tenía que saber lo que estaba haciendo su esposa y en dónde lo estaba haciendo.

Además, querría un divorcio rápido, ¿o no?
Necesitaba vigilarla, saber exactamente en dónde estaba.

 — Muy acogedora — su tono sarcástico, cuando frenó el auto, la hizo abrir los ojos.

Estaban en el patio adoquinado frente a la vieja granja de piedra, las macetas de geranios le daban un toque de color a las paredes.

 — ¿Sí, verdad? — replicó con el mismo tono. Tal vez la había vencido, pero no permitiría que él lo viera — Me fascina y ya me siento como si fuera mi hogar.

Hogar.
La sola palabra la atravesó como la hoja de un cuchillo.
Su hogar era donde él estaba y ella jamás volvería a vivir allí.
Nunca escuchó otra palabra másinadecuada; parpadeó resuelta para ahuyentar las lágrimas y le dirigió una mirada centelleante, ignorando el gesto de cólera en los labios de Joe .

 — Entra si tienes algo que decirme. No creo que hayas venido hasta aquí sólo para cambiar de escenario.

Bajó del auto y cruzó el patio delante de él, obligándose a conservar la calma.

Hasta ahora, había evitado la agonía de oírlo decir que quería el divorcio, para quedar en libertad de casarse con Zanna y llevarla a vivir a su lado, junto con su hijo.

Había huido, pero no lo bastante lejos ni con la rapidez suficiente y él la había alcanzado, como Némesis.
Ahora tendría que escucharlos sin revelarle nada.

Si el supiera desde hacía cuanto tiempo lo amaba tan apasionadamente, sentiría lástima de ella y no podría soportar eso.
La humillación sería la última gota.

Era mejor para ambos que él siguiera creyendo que el suyo fue un matrimonio sin amor, por ambas partes, y que ella había decidido que ya no le bastaba con ese tipo de relación estéril.

En el vestíbulo reinaba el silencio y él se quedó atrás, de pie en el vano de la puerta, bloqueando la luz del sol y luego comentó con tono helado:

 — ¿Así que ahí viven los dos, tu y el famoso autor? Qué escenario tan idílico.

 — Así es — habló con voz débil, dura.

Tenía que ser así, porque negar lo que era obvio que él pensaba, sería revelar la pequeña grieta en su armadura.

No era necesario informarle que ella dormía en el anexo, igual que su predecesora, que tenía su propia salita y un pequeño baño privado y que sólo iba a la casa grande a trabajar y a la horade las comidas.

No era necesario hacerlo saber que, puesto que lo amaba, para ella no existía ningún otro hombre.

 — Vamos a la sala — lo invitó con tono sereno que desmentía los apresurados latidos de su corazón — Wilmer aún está en la cama, pero estoy segura de que no le importará.

Se disponía a alejarse hacia la puerta que estaba a un lado del estudio, pero élla sujetó con fuerza de una muñeca y con la boca apretada en una amarga línea, preguntó, atrayéndola hacia su cuerpo duro y delgado:

 — ¿Así que pasó una mala noche?

 — ¡Los dos lo hicimos!

Estar tan cerca de él, sintiendo el calor vital de su cuerpo, los músculos duros debajo del pantalón casual y la sudadera era un tormento agridulce y su reto fue una respuesta directa, un mecanismo de defensa; lo miró desafiante para disimular su angustia y vio el involuntario estremecimiento de un músculo en la mandíbula de él, eso la hizo experimentar un leve sentimiento de triunfo, porque después de todo, Joe sentía celos.

Pero el triunfo fue de corta vida.
Todavía era su esposa y, como tal, su propiedad.

Se había casado con ella, compartieron la misma cama y durante tres breves meses llevó en su seno un hijo de él.

Después de eso, Joe jamás volvió ahacerle el amor, porque no tenía objeto, sabiendo que las probabilidades de que ella volviera a concebir eran muy remotas.

No obstante, aun así la consideraba como su posesión; su vanidad masculina se sentiría herida si pensaba que ella se acostaba con otro hombre.

Con la garganta reseca, trató de apartarse, pero él sólo la sujetó con más fuerza y declaró con voz apagada:

 — Demi , debemos hablar. ¿No lo comprendes? — por un absurdo momento ella casi creyó que se interesaba en ella, que todavía quedaba algo de su matrimonio, que algo podría salvarse de las ruinas.

 Despacio, lo miró; sintió que el cuerpo de él se sacudía con un temblor revelador y entonces oyó a Wilmer desde lo alto de la escalera.

 — ¿Todo está bien, Demi ? — su voz sonó agresiva, porque no todos los días se encontraba con un perfecto desconocido maltratando a su secretaria.

Pasó un momento y pensó que debió imaginar los celos de Joe , porque cuando respondió por ella, su tono era casi aburrido, totalmente cortés y controlado.

 — Muy bien, Valderrama. Pasaba por aquí y decidí venir a visitar a mi esposa.

 — Oh, entiendo — respondió cauteloso mientras bajaba la escalera y Demi suspiró.

Cuando llegó allí, le informó a su jefe que estaba separada de su esposo.
Un matrimonio roto no era nada insólito en estos tiempos.

El aceptó eso e incluso si llegó ala conclusión de que la separación databa de tiempo atrás y fue amistosa, ella no lo desengañó.

Se sentía demasiado herida para entrar en detalles.
Ahora talvez él pensaría que cada mañana bajaría para encontrarse con su airado esposo frente a su puerta.

¡No necesitaba esa clase de complicaciones y si quería conservar su trabajo,tendría que convencerlo de que no sería así!

 — Demi , ¿quieres pedirle a Mariette que lleve café al estudio? ¿Quierea compañarnos, Savage?

Wilmer se enfrentó al hombre mucho más joven y más alto,con una expresión ligeramente belicosa.

Era obvio que acababa de ducharse y ahora vestía un ligero pantalón color café claro y una almidonada camisa blanca; su aspectoera alerta después de haber dormido y se veía más joven y vigoroso.

 — Gracias.

Joe inclinó la cabeza, pero su tono era casi desdeñoso y teníala boca apretada con un gesto hosco, así que Demi se alejó con las palmas de las manos húmedas.

Los dos hombres actuaban como adversarios, dispuestos a luchar a muerte por sus derechos territoriales.
No podría comprenderlo.
Aún estaba casada con Joe , pero eso no duraría, porque él quería deshacerse de ella.

Y aunque Wilmer tal vez estaba molesto porque un visitante indeseado había alterado su rutina de trabajo, debía saber que eso no volvería a suceder.
Tendría que aclararle eso tan pronto como Joe se fuera.

Necesitaba ese trabajo y estaba decidida a conservarlo, pues una vez que demostrara que era capaz y digna de confianza, tenía intenciones de pedirle que la empleara permanentemente.

Mariette no estaba en la cocina, así que Demi preparó el café, alegrándose detener ese momento de respiro.

Fue una sorpresa volver a ver tan pronto a Joe ; necesitaba tiempo para armarse de valor y actuar como si en realidad no le importaraque él le pidiera el divorcio.

Pero no podía tardarse toda la mañana en esa sencilla tarea y cuando llevó la bandeja al estudio no estaba más cerca de recuperar el controlde sus emociones que cuando Joe apareció de la nada, obligándola a subir a su auto.

El ambiente en la pequeña habitación atestada de libros no la ayudó a recobrar el equilibrio.

Wilmer estaba sentado frente a su escritorio, con la mirada centelleante y Joe recorría la habitación de un lado a otro, como un tigre enjaulado.

 — ¿Cuánto tiempo piensa quedarse en la región? — preguntó Wilmer bruscamente.

Joe, con los párpados entornados, observaba cada movimiento de Demi mientras servía el café y respondió con voz suave:

 — Todo el tiempo que sea necesario — los ojos grises se endurecieron cuando Demi le entregó su taza — ¿Tratas de hacerte indispensable con otro hombre?

Una oleada de calor invadió el rostro de Demi , pero sentía el cuerpo helado.

Era una referencia directa al hecho de que durante seis meses, antes que él le hiciera su sorprendente proposición de matrimonio, ella trabajó como ama de llaves y anfitriona en South Park.


miércoles, 17 de abril de 2013

An obsession with the past cap9



 — Será mejor que demos por terminado el día— Wilmer Valderrama se pasó los dedos por el encrespado cabello castaño claro, con el rostro tenso por la fatiga — Y gracias, Demi  . Creo que hemos hecho un buen trabajo

Dejó ver una sonrisa radiante que transformó sus rasgos ordinarios y Demi  se la devolvió sin poder evitarlo, incluso lo perdonaba por haberla despertado a las cuatro de la mañana, cuando su fértil mente rebosaba de ideas para la sección media de su actual libro, que hasta entonces había sido un punto escabroso.

 — ¿Quieres una taza de café?

Demi  cerró su libreta de notas y la dejó a unlado de la anticuada máquina de escribir, instalada encima del atestado escritorio, pero Wilmer movió la cabeza.

 —Pienso dormir un par de horas y te sugiero que hagas lo mismo. Si aún sigues dormida al mediodía, prepararé la comida y te despertaré. ¿De acuerdo?

Ella insistió distraída mientras él salía del estudio atestado de libros; el cansancio físico y la satisfacción, lo hacían verse mayor que sus cuarenta años, tenía una figura rechoncha y vestía un desgastado pantalón de pana y un holgado suéter.

Por un momento, su mirada se suavizó al contemplarlo con sus grandes ojos verdes.
Durante los diez días pasados en la vieja granja, había aprendido a apreciar y respetar al escritor.

A pesar de un enorme éxito comercial, no se daba importancia y aunque la hacía trabajar mucho, era justo; le pagaba un salario excelente e insistía enque se tomara muchos ratos libres para compensar sus extravagantes horarios de trabajo.

Pero, aunque trabajó arduamente durante las últimas cinco horas, tomando dictado, no estaba de humor para regresar a la cama.

No podría dormir y sólo sequedaría allí, presa de los pensamientos que aún luchaba por apartar de su mente.

Diez días no eran suficientes para recuperarse del trauma de perder a Joe , se dijo mientras subía la escalera para darse una ducha en el baño de techo inclinado instalado debajo del alero.

Dudaba que alguna vez llegara a recuperarse, pero esperaba que con el tiempo, llegaría a aceptarlo y podría seguir adelante con su vida, sin tener que vigilar de una manera absoluta sus pensamientos y sus emociones.

El viaje a Francia fue lo mejor que pudo hacer, se aseguró mientras preparaba el café en la cocina de techo de vigas.
Vestía una amplia falda de algodón verde esmeralda y una blusa azul marino sin manga.

Wilmer, que Dios lo bendijera, la hacía trabajar mucho y le dejaba muy poco tiempo para cavilar.

A su llegada, la recibió como si fuera su salvadora y su propia estimación aumentó cuando él la alabó por la actitud positiva con que se enfrentó al montón de hojas manuscritas que se había acumulado desde que se quedó sin secretaria.

Pero Mariette Voisin, que iba casi todos los días para encargarse de los quehaceres domésticos, llegaría en cualquier momento y aunque la anciana francesa hablaba un inglés deficiente, era incorregiblemente curiosa y sometía a Demi a largo interrogatorios a la menor oportunidad, así que lavó la cafetera y salió a disfrutar del sol matutino.

La granja se hallaba en un frondoso valle entre un laberinto de angostos caminos que iban de Bolonia a Le Wast, cuando al fin Demi logró encontrarla el día de su llegada, supo que era un lugar perfecto para ocultarse.

¿Ocultarse de quién?, se burló, pateando uno de los guijarros que cubrían el polvoriento camino.

Eso no era necesario, pues nadie la buscaría.
Joe debía sentirse muy agradecido al ver que ella se había alejado voluntariamente de su vida.

Con el ceno fruncido, apartó de su mente esos molestos pensamientos, y deliberadamente trató de relajarse.

Después de permanecer inclinada sobre su libretade notas durante cinco largas horas, su cuerpo ansiaba un poco de aire puro y ejercicio.

Mientras caminaba por esos encantadores senderos, bañados por el sol y con el bosque cerca, se dio cuenta de que era el lugar perfecto para disfrutar de eso.

De pronto, como a menudo le sucedía en esa región encantada, dio vuelta en un recodo y encontró un arqueado puente de piedra que cruzaba un arroyo; se apoyó en él para recobrar el aliento, agradecida por la sombra de los árboles.

En ese momento, el ruido de un motor perturbó el monótono canto de las aves yel zumbido de las abejas, así que se apartó contra el parapeto para dejar tanto espacio libre como le fuera posible en el angosto sendero, pero se volvió cuando el vehículo sedetuvo a su espalda; tal vez era un turista extraviado en los serpenteantes senderos.

La sonrisa cortés murió en sus labios, el corazón le dio un vuelco y luego empezó a latir desbocado cuando Joe le ordenó, a través de la ventana abierta del auto

—Sube.

No podía moverse, literalmente era incapaz de mover un solo músculo.
No sabía qué hacía él allí, cómo pudo encontrarla y por qué se molestó en hacerlo.

Abrió laboca, pero no pudo articular palabra alguna y se quedó allí, muda y ruborizada, desde el cuello hasta la raíz del pelo; luego oyó murmurar una violenta imprecación mientras bajaba del auto, dominándola con su estatura.

—No me mires con esa expresión confundida, mujer. Ya nos conocemos — apretó los dientes y recorrió con la mirada el rostro pálido de ella —  Soy el hombre con quien te casaste, ¿lo recuerdas? A quien prometiste amar, honrar y obedecer, así que sube al auto.

Tenía los puños apretados a los costados, contra el pantalón de algodón negro, parecía como si quisiera sacudirla hasta que se le cayera la cabeza; trató de que sus resecos labios pronunciaran la palabra "no” y lo vio apretar la boca, con la piel tensa sobre los pómulos y la agresiva mandíbula.

 — Estoy bloqueando el camino y no pienso moverme un solo centímetro sin ti

Eso debió advertirle a Demi que estaba dispuesto a obligarla a subir al auto, pero aún seguía en estado de choque cuando él rodeó el auto.

Cuando llegó a su lado logró decir con voz ronca:

 — Estoy trabajando aquí y ya me he retrasado

Lo que era una absurda mentira, pero él pareció creerla, porque la voz profunda se suavizó, aunque en ella había un dejo de amenaza que Demi nunca antes había escuchado.

 — Entonces guíame. Yo te llevaré.

No había forma de salir de esa situación.
Podía negarse categóricamente y él simplemente se alejaría de allí, con ella.

Para llevarla a cualquier parte, lo sabía por su estado de ánimo.
Nunca antes lo había visto tan encolerizado.

Algo en su interior se estremeció y se contrajo al contemplar su perfil rígido; le indicó la dirección con voz apagada, preguntándose si él sabía que la estaba haciendo pasar por un infierno.

Acababa de emprender el largo y arduo camino que la llevaría a aceptar su fracasado matrimonio, y él tenía que aparecer para enviarla de nuevo al punto de partida.

Temblaba en su interior cuando le preguntó en medio de un silencio difícil:

 — ¿Cómo supiste en dónde estaba?

 — ¿Por Miley?, ¿por quién más?

  Por supuesto.
¿Por quién más?

Ella y su mejor amiga de la escuela siempre se mantuvierón en contacto, incluso después que ella se casó y renunció a su trabajo en la agencia de empleos.
Tenía que ser la primera persona a quien Joe interrogara acerca de ella

 — ¿Porqué te molestaste? — le preguntó aturdida, moviendo la cabeza inconscientemente.

El la miró de reojo con una expresión dura y su mirada era un mal presagio para la paz mental de ella; luego respondió sombrío:

 — ¿Acaso pensaste por un momento que simplemente dejaría que te alejaras demi lado?


sábado, 13 de abril de 2013

Un Matrimonio Feliz? cap5



Y sin embargo tenía dolorosa conciencia del color de sus ojos, de las oscuras cejas que hacían juego con el cabello ondulado.

No lo había visto durante una larga semana y tuvo qué hacer un gran esfuerzo para no quedarse mirando la magnífica apostura de su cuerpo e imaginarlo desnudo, odiándose por desearlo tanto, aunque en ese momento se comportara de manera tan inexplicablemente hostil.

—Con toda seguridad te sientes cansado por el desfase del vuelo — empezó a decir en un tono incipientemente conciliatorio, pero él la interrumpió con una pregunta aparentemente casual.

—¿Vestido nuevo?

¿Por qué sintió que se ruborizaba?

—Sí — alzó la barbilla, desafiante — Sabes perfectamente bien que así es.

Era obvio que los ojos experimentados del hombre habían valorado la calidad y el corte soberbio de la prenda, y ese examen exhaustivo hizo que su piel hormigueara, con una oleada de deseo ardiendo en sus venas.

—No acostumbras a exhibirte tan generosamente — observó con aparente desenvoltura.

¡Ya era suficiente!
Miley decidió decirle la verdad.
De ese modo no tendría nada de qué culparse.

¿Por qué diablos había permitido que Andrew la metiera en ese lío?

 Lo que entonces había parecido perfectamente razonable, ahora se estaba convirtiendo en algo totalmente distinto.

—Tienes razón — contestó fríamente — No suelo exhibirme con tanta generosidad.

—Pero sí en esta ocasión, ¿no es así? — persistía con un tono imparcialmente analítico que ella sólo le había oído utilizar en su trabajo — Estoy intrigado por conocer la causa.

—Realmente yo no lo compré — comenzó a decir.

—Entonces, ¿quién lo hizo? — la interrumpió.

—La empresa.

—La empresa — repitió con suavidad, su grave voz llena de sarcasmo y una expresión insondable en sus ojos — ¿Es cierto?

—Sí, es cierto —respondió enfadada.

Él alzó las oscuras y bien delineadas cejas.

—¡Qué extraordinario! Debo decir que nunca se me ha ocurrido comprarle un vestido a ninguna mujer del personal de mi empresa! — enfatizó deliberadamente

—Especialmente un vestido excesivamente caro, diseñado para exhibir el cuerpo más que para cubrirlo. Vestidos hechos con la única intención de excitar a los hombres. Pero presumiblemente eso era lo que Andrew se proponía —continuo y la miró directamente a los ojos, con una fría y arrogante expresión en su atractivo rostro.

—Andrew no tuvo nada que ver en ello — replicó furiosa.

—¿No? — obviamente no le creía una sola palabra —. Se limitó a pagar la cuenta, ¿no es así?

—Como sigas hablándome en ese tono, no pienso continuar discutiendo contigo — replicó intentando retirarse, pero él la detuvo sujetando su brazo desnudo con una mano, gesto que le hizo sentir más deseo de su contacto físico, a pesar de su ira.

Volvió el rostro para mirarlo, los ojos muy abiertos, en un ruego silencioso.

—Nick … —susurró.

Pero no hubo ni un atisbo de emoción en la cara del hombre.

—Y entonces fue tu jefe quién te ayudó a elegirlo, ¿no es así, encanto? — dijo imitando la voz de Andrew con un tono amenazante, completamente novedoso para ella.

—¿De… de… qué estás hablando? — tartamudeó enfrentándose a los ojos fulgurantes de ira.

—¿Por qué no escuchas el contestador automático? — sugirió suavemente al tiempo que le soltaba el brazo.

Miley se aproximó al teléfono como un robot, con sus altos y finos tacones, consciente de la fría mirada que no la abandonaba.
Presionó un botón y la voz de Andrew se apoderó de la estancia.

—Miley ¿estás ahí? Son la diez y te llamo porque quería asegurarme de que habías vuelto a casa sana y salva. Encanto, llámame en cuanto llegues, si es que puedes oír este mensaje.

¡Maldito Andrew y sus estúpidos apelativos!

Miley se volvió hacia él, otra vez sintiendo un súbito temor.
Esa no era la manera en que ella deseaba recibir a Nick ; en absoluto.

—Puedo explicarlo —comenzó.

Negando con la cabeza se acercó sigilosamente.
El corazón de Miley comenzó a latir violentamente.

—¿Así que Andrew te ayudó a elegirlo? — insistió, deteniéndose a unos pocos centímetros de ella— ¿Y le gustó que te quedara tan ajustado? ¿Para realzar nítidamente bajo la seda negra tus pechos excitados, como si no llevaras nada encima? — inquirió brutalmente.

Por la expresión de su mirada supo que no podría confesarle que solo él tenía ese poder sobre su cuerpo.

—Nick …

—Y dime — continuó impertérrito.

Por su cruel expresión, Miley se dio cuenta de que sabía perfectamente bien el efecto excitante de sus palabras sobre ella. Sus ojos brillaban peligrosamente

—¿Llevas braguitas? ¿Se supone que debes llevarlas? ¿Qué dijo Andrew al respecto?

Miley sintió que la garra del deseo atenazaba su cuerpo de tal modo, que súbitamente se extinguió el orgullo que la caracterizaba.

De manera que en vez de precipitarse fuera de la habitación, lejos de sus viles acusaciones, se quedó clavada donde estaba, la piel ardiendo, despreciándose a sí misma, y sin embargo, ansiando aquello que podría ser la única conclusión posible a aquel duro enfrentamiento.

—¿Puedo? — preguntó el hombre en tono familiar, al tiempo que sus largos dedos le subían el vestido hasta dejar al descubierto las pequeñas bragas negras.

— Pero sí que llevas unas braguitas preciosas, y están húmedas — agregó con voz neutral, tocando la entrepierna de ella, que jadeaba por la impresión y el placer — Pero no las llevarás mucho tiempo más, ¿no es así, cariño? —continuó sin piedad.

Acto seguido, con ambas manos dio un fuerte tirón a la delicada prenda que se rasgó, resbalando lentamente hasta el suelo.

Miley se aferró a él, cuando tomándola en sus brazos, la tumbó sobre la alfombra y, por fin, comenzó a besarla.

Quería sentir rabia; pero la pasión y el amor que le inspiraba estaban tan reprimidos dentro de ella, que decidió perdonarle el absurdo despliegue de celos, liberando sus sentimientos a través de la violencia de su beso.

—Nick — se quejaba contra la boca del hombre —. Nick …

Pero él la besaba en silencio, recorriendo con los dedos la humedad de su deseo hasta que ella al borde del clímax, comenzó a bajarle la cremallera del pantalón con una prisa brutal que rivalizaba con la de él.

Con un quejido, le retiró la mano y terminó de liberarse de la ropa, penetrándola de una manera tan salvaje que ella se sintió desfallecer de placer.

En un rincón de su mente una voz le decía que se contuviera, que le demostrara que todavía podía controlarse, pero al instante sintió la ola del orgasmo que la invadía por completo, junto a la suave risa de triunfo que él dejó escapar antes de alcanzar su propio clímax.

Ambos yacían en la alfombra, intentando respirar.
Y ella sintió que la vergüenza la helaba como si le hubiesen lanzado un cubo de agua fría.

Porque, con el cuerpo ya satisfecho, la dignidad y el orgullo retornaron a su espíritu.
¡Y de qué manera!

—¡Bruto, aléjate de mí! —exclamó intentando apartarlo.

Pero él no se dio por aludido.
Con un ágil salto, se puso de pie, se cerró la cremallera del pantalón y la alzó en brazos mirándola fijamente.

Ella no quería mirarlo de frente, aunque notaba que gran parte de la hostilidad anterior había desaparecido. Sin embargo, todavía le era imposible saber qué estaba pensando.

Incluso la primera vez que le dijo que la amaba, su expresión no delató ningún sentimiento.
Incluso entonces.
Era un hombre siempre contenido, como si ocultara algo, y eso la frustraba, fascinándola a la vez.

Era una de las características de su personalidad que la había atraído en primera instancia, y paradójicamente, que siempre la mantenía en tensión frente a él.

Mientras Nick se dirigía a la habitación, ella rabiosamente lo golpeaba en el pecho.

—¡Bájame! — ordenó.

—No.

—¡Voy a gritar hasta que acuda la policía!

—¡Grita, entonces! ¿Y qué vas a gritar? ¿Que te han violado, cariño? —dijo con calma.

Ella percibió un ligero temblor de malestar consigo mismo que distorsionaba su voz, e intentando ser escrupulosamente justa, negó con la cabeza, sus cabellos rozando la cara del hombre.

—No haría eso, Nick , porque sería una mentira. Tú no me has violado — dijo con suavidad.


Un Matrimonio Feliz? cap4



Bostezando, Miley entró en el ascensor que la llevaría hasta su piso en el ático.
Le dolía la mandíbula de tanto sonreír, y los pies la estaban matando.

Había estado de pie en la barra del Henry's, la barra era el lugar adecuado para exhibirse, bebiendo obedientemente unas copas de champán con los dos eventuales clientes que, entusiasmados, habían escuchado atentamente sus ideas.

Miley decidió, que si lograban el contrato, no volvería a llevar otra vez un vestido con el escote tan amplio.
La verdad era que lo había adquirido porque estaba segura de que a Nick le encantaría.

Era de un corte maravilloso y él adoraba verla de negro.

Pero en el probador de la tienda se había dejado influir por la opinión de la vendedora.
Tenía conciencia de haber adquirido un vestido espectacular, pero también más escotado de lo habitual.

Atraía la atención hacia la exuberancia de sus pechos, y el severo color realzaba el tono cremoso de su delicada piel. Hecho que no le había pasado inadvertido al cliente más joven.

Miley , a su pesar, había aceptado la invitación a cenar de Andrew después de las copas, y los cuatro se habían trasladado al Savoy a tomar un exquisito caviar, seguido de una langosta Thermidor, todo acompañado de más champán.

En un momento se sintió saciada, cansada y hastiada, así que a las nueve y media se excusó anunciado que su marido llegaría muy pronto de los Estados Unidos, y que deseaba estar en casa para recibirlo.

Había sentido cómo se le aceleraba el pulso al pensar que muy pronto volvería a ver a Nick.

—Desde luego que sí — dijo Billy, el mayor de los clientes, sonriendo alegremente — Ha sido un gran placer conocerla, señora…

—Señorita — corrigió Miley al instante — Todavía soy Miley Walker. Decidí mantener mi nombre de soltera después de casarme.

—¿De veras? —preguntó el mirón con los ojos aún clavados en su escote, como lo había hecho durante toda la velada.

—Sí — dijo ella, poniéndose de pie rápidamente, pensando que si no se alejaba de esa mirada repulsiva podría decir o hacer algo grosero que estropearía los negocios — Mi nombre es conocido en el mundo de la publicidad, así que sería una lástima perderlo.

—Ahora lo hace mucha gente — dijo Billy sonriendo — Mientras a su marido no le importe.

Bueno, la verdad era que ella no lo habría asegurado totalmente.
Nick no había puesto objeciones cuando le dijo que no llevaría su apellido.
Se había limitado a dirigirle esa mirada tan suya, fríamente burlona, y a asentir sin hacer comentarios.

Andrew le acomodó el abrigo sobre los hombros tras un ligero pellizco, que Miley interpretó como una manera de decirle que la velada había sido todo un éxito.

—¿A qué clase de negocios se dedica su marido en Estados Unidos? — preguntó Billy mientras le estrechaba la mano.

—No son negocios realmente, más bien es un tipo de actividad complementaria. Tiene una fábrica aquí, al norte de Inglaterra y otras en Europa occidental, pero le interesa el sector inmobiliario sólo por entretenimiento.

—¿Para entretenerse? —protestó Andrew—. No me atrevería a calificar de pasatiempo el hecho de poseer numerosos pisos y hoteles en la parte este de Manhattan, o si no, que Dios nos proteja cuando decida tomárselo en serio.

—¿De veras? ¿Es posible que conozca a su marido, señora? —preguntó Billy, muy ansioso.

Miley se encogió de hombros.

—No lo sé. Es muy conocido en Inglaterra…

—Su nombre es Nick Calder — intervino Andrew secamente.

«Más valdría haber dicho que era el presidente de los Estados Unidos», pensó Miley sofocando una risilla mientras introducía la llave en la cerradura.

Porque los dos ejecutivos no pudieron haberse quedado más impresionados.
No tenía idea de que su marido fuera tan conocido en Nueva York por su talento empresarial.

Pero, ¿cómo podría haberlo sabido?
Él nunca la había llevado a Nueva York, y ciertamente no era un hombre vanidoso.

«Un hombre como Nick no tiene necesidad de jactarse», pensó con un suspiro de añoranza.

Cerró la puerta y bostezó, dejando caer el abrigo descuidadamente en el respaldo de un sofá.
Se quitaría el vestido y se daría un baño largo y perfumado, mientras esperaba a su maravilloso marido.

Le llevó un momento darse cuenta de que la luz de la habitación estaba encendida.
Cierto era que por la mañana había tenido que salir a toda prisa, tal vez olvidando apagarla.

La verdad era que se había quedado dormida tras una noche de sueños perturbadores relacionados con Nick .

Durante un segundo se quedó helada al sentir un ruido proveniente de la habitación; pero el miedo la abandonó al instante, al reconocer los conocidos pasos.

Se echó atrás el cabello, alborotado por el viento, y vio aparecer la silueta de su marido en el vano de la puerta, contra la suave luz de la lámpara situada a su espalda.

En la semioscuridad, su cuerpo parecía todo músculo y vigor.
Él acercó una mano al interruptor de la luz y la habitación quedó inundada por un cegador resplandor.

La sonrisa de bienvenida de Miley se heló en sus labios.
Miró el rostro duro y nada cordial de Nick y, de pronto, inexplicablemente, sintió miedo.

Nick escrutó a Miley durante unos instantes.
Ella sintió que la piel se le erizaba al enfrentarse a su severa y fría mirada.
Una mirada que nunca antes había visto.

En vez de caer extasiados uno en brazos del otro, como normalmente habrían hecho, permanecieron contemplándose en silencio a través de la amplia sala de estar.

—Hola, Miley — dijo al fin, sin moverse de su sitio.

El orgullo la mantuvo donde estaba.

—Hola, Nick — notó que su saludo era más frío de lo que se había propuesto — No te esperaba tan pronto.

—Ya lo veo — comentó con una sonrisa desdeñosa mientras recorría con la mirada el escotado vestido negro que se ajustaba a la estrecha cintura y muslos, dejando al descubierto gran parte de las largas y esbeltas piernas.

Ella captó una chispa de rabia en sus ojos junto a una clara expresión de desprecio.
Con una especie de bufido burlón, se acercó al mueble bar.

Tomó una botella que se enfriaba en un balde de hielo, que obviamente había abierto con anterioridad, y sirvió dos vasos de vino.

¿Cuánto rato hacía que la esperaba?

Una leve desesperación comenzó a apoderarse de ella al no ver ningún signo de relajación en la cara del hombre que se acercaba en silencio, tendiéndole una copa de Chablis.

Era su vino favorito; pero de pronto el pensamiento de beber hizo que el estómago se le revolviera.
Al ver que él continuaba mirándola con frialdad, la rabia comenzó a latir en el fondo de su garganta.

¿Con qué derecho permanecía frente a ella ofreciéndole una copa, con aquella mirada condenatoria que endurecía su rostro arrogante?
Exactamente como si fuera una delincuente.

—No quiero beber — espetó.

—No — replicó tajante esbozando una sonrisa burlona mientras dejaba los vasos en una mesa — debí imaginarme que ya no querrías más. Desde aquí puedo olerlo en tu aliento.

Ella había bebido muy poco, pero en ese momento la hacía sentirse como una borracha empedernida.

No tenía la menor intención de justificar su conducta frente a él.
No podía tratarla como si la estuviera sometiendo a un juicio.

Lo miró fijamente a la cara, sus ojos oscuros chispeando de ira; con una rabia que nunca había experimentado en su vida.


jueves, 11 de abril de 2013

Un rencuentro volatil cap 29


Demi vio a Robert alejarse en el Aston Martin y luego se volvió hacia su marido.

–Él te pegó primero, ¿verdad?

Joe hizo una mueca.

–No exactamente…

–¿Quieres decir que tú has empezado la pelea?

–Eres mi mujer y él se había pasado de la raya. Estaba en mi derecho…

–¿De qué derecho hablas? Robert sólo intentaba hablar conmigo. ¡Es mi socio!

–Estaba intentando alejarte de mí.

Demi entró en la casa, tan furiosa que podría haberse puesto a dar patadas.

–¡Eso no es asunto tuyo!

–Demi … sé que éste es un momento complicado para ti, pero sigues siendo mi mujer.

Ella no dijo nada.
No estaba dispuesta a discutir sobre Robert.

Una cosa era dejar que Joe se preguntase por la naturaleza de su relación con él, otra muy diferente echar gasolina al fuego.

–Tal vez lo que necesitas ahora mismo es alejarte de mí.– añadió él.

–Es muy posible – asintió Demi clavándole sus ojos verdes.

–Yo tengo que reunirme con un hombre con el que espero hacer negocios en Atenas. Pero eso significaría dejarte aquí, con Lili y su nueva niñera durante cuarenta y ocho horas.

–No te preocupes, puedo hacerlo – se oyó decir, sin admitir que aún no había reunido suficiente valor como para estar en la misma habitación con la niña.

–¿En serio? – exclamó él, sorprendido.

–¿Por qué no? No soy tan mala como para culpar a un bebé por lo que está pasando.

–Si eso es cierto, te comportas como un ser humano maravilloso, moli mou.

Demi se puso colorada.
Sabía que no merecía ese elogio porque se había prometido a sí misma ser más adulta ese mismo día.

–Lo digo en serio –Joe la miró con sus ojos dorados – Yo no podría soportar que hubieras tenido un hijo con Robert Miller. Sencillamente, no habría podido soportarlo.

Que fuese tan generoso como para admitirlo la obligó a admitir que su silencio sobre ese tema debía de haber provocado muchas dudas.

–Como yo no me he acostado con Robert, eso sería imposible.

Joe sonrió.

–Gracias por decírmelo. No tenías por qué hacerlo.

Demi se dio cuenta entonces de que no se habría peleado con Robert de haber sabido que entre ellos no había nada.

Cuando Joe se marchó una hora después, Demi estaba trabajando en un diseño para un cliente.
Pero en cuanto el helicóptero desapareció, cerró su ordenador y se levantó de lasilla.

Era hora de conocer a la hija de su marido.

La niñera, una mujer de unos treinta años y aspecto serio, estaba cambiando el pañal deLili en ese momento y, nerviosa, Demi se presentó.

–Es normal que llore – murmuró, al ver la erupción que la pobre niña tenía en la cara – Pobrecita…

–Los masajes con aceite ayudan – dijo la niñera – La ropa y las sábanas de algodón sin mezcla ayudan mucho también.

–Iré a comprarlas – le prometió Demi , contenta al poder hacer algo práctico.

–¿Le importaría quedarse con Lili mientras yo bajo a comer algo?

–Claro que no –espondió ella, un poco avergonzada al mirar el reloj.

Eran las cuatro dela tarde y la pobre mujer no había comido.
Pero claro, ¿quién estaba allí para encargarse de esas cosas?

Joe intentaba cuidar de su hija pero no tenía ni idea de lo que significaba cuidar de un niño pequeño.

Y si Lili necesitaba cuidados las veinticuatro horas del día, habría que contratar más gente.

La niñera puso a Lili en sus brazos antes de salir de la habitación.
Era una niña diminuta,no pesaba nada.

Pero cuando se puso a llorar de nuevo, Demi respiró profundamente recordándose que siempre le habían gustado los niños.

Sin saber qué hacer, empezó a mecerla en los brazos y Lili la miró con unos ojitos oscuros cargados de tristeza.
Finalmente, se sentó en la mecedora y tomó un sonajero que la niña miró con curiosidad.

El tiempo pasaba y Demi seguía sentada en la mecedora, asombrosamente tranquila y disfrutando del calor de la niña en los brazos hasta que, por fin, Lili cerró los ojitos y se quedó dormida.

La niñera reapareció entonces para meterla en la cuna y Demi se quedó mirándola.

Se le encogía el corazón al ver que era tan pequeñita y allí mismo se prometió que, pasara lo que pasara en su matrimonio, no culparía a la hija de Oleia por ello.

Si amaba a Joe ¿cómo no iba a aceptar a su hija?

Esa noche durmió sin pesadillas y al día siguiente fue a Londres para visitar a su cliente con los bocetos que había preparado.

Después, entró en unos grandes almacenes para comprar pijamitas y sábanas de algodón para Lili.

Antes de volver a Roxburn Manor pasó por su apartamento para guardar algo de ropa en una bolsa de viaje, pero cuando estaba llegando a la mansión se le ocurrió que tal vez debería haber ido al ginecólogo mientras estaba en Londres.

Era hora de comprobar si estaba embarazada, de modo que llamó por teléfono para pedir cita.


Aunque había recibido varios mensajes de sus padres diciendo que querían hablar con él, Joe no había respondido ni había ido a visitarlos mientras estaba en Grecia.

Sabía porqué querían hablar con él, pero ya no era un adolescente rebelde que necesitara una bronca paterna sobre Lili.

La única persona a la que tenía que darle explicaciones era Demi y no sabía si Demi estaría en Roxburn Manor cuando volviese a la mansión.

–¿Dónde está mi mujer? – le preguntó a la señora Jones.

–En la habitación de la niña, señor Volakis – respondió el ama de llaves.

Joe subió los escalones de dos en dos.
Que Demi estuviera con Lili era mucho más de lo que había esperado.


martes, 2 de abril de 2013

Un rencuentro volatil cap 28



Millones de personas aceptaban a los hijos de sus parejas y los criaban como si fueran suyos.
Pero tales relaciones podían ser más difíciles y dadas al fracaso… y entendía por qué.

Después de todo, ella había esperado ser la madre del primer hijo de Joe .

Además, siempre había estado celosa de Oleia Telis.
Oleia estaba muerta, pero Lili era la prueba de que había mantenido una relación con su marido.

«Olvídalo», le decía una vocecita.
¿No había roto ella su matrimonio?

Ella misma habíaabierto la puerta para Oleia y Lili.
Tenía que centrarse en la realidad y la realidad era que Lili existía.

¿Estaba dispuesta a ofrecerle su cariño a la niña?

Posiblemente por primera vez, reconoció que no podría tener a su marido sin aquella niña.
De ningún modo esperaba que la abandonase, y aquello no era una competición.

Además, jamás le pediría que se mostrase distante como Anatole se había mostrado con ella.

Su padre se había casado con una mujer muy posesiva, Ariadne, que se sentía amenazada por la existencia de una hija ilegítima… pero Demi no iba a ser como Ariadne porque la víctima de eso había sido ella misma.

Y, en ese momento, decidió ser más madura y justa en su relación con la hija de Joe .

–Estás muy callada – comentó Robert mientras volvían a Roxburn Manor.

–Tengo muchas cosas en qué pensar – dijo ella.

–No deberías enfadarte contigo misma por algo que no es culpa tuya. Necesitas empezarde nuevo.
Demi levantó una ceja.

–¿Empezar de nuevo?

–Deja a Joe – le aconsejó Robert – Ahora mismo. Tu matrimonio es un desastre y es imposible solucionarlo.

Incómoda con la conversación, Demi bajó del coche a toda prisa, pero Robert la siguió para tomarla del brazo.

–Espera…

–No quiero hablar de eso.

–Tú mereces algo mejor. Estabas a punto de firmar el divorcio cuando volviste con él.

Un ruido en la entrada hizo que Demi volviese la cabeza y se quedó asombrada al ver a Joe dirigiéndose hacia ellos.

Intentó soltar su mano, pero Robert no se lo permitió.

–No tienes que disculparte y no hay ninguna razón para esconder nuestra relación…

–¡Aparta tus manos de mi mujer! – exclamó Joe .

–Estáis prácticamente divorciados. Ya no es tu mujer.

–¡Yo no soy de nadie!– exclamó Demi  esperando poner una nota de sentido común en aquella ridícula escena– Soy dueña de mi propia persona.

–Márchate, Demi – le advirtió Joe con los dientes apretados.

–No voy a irme a ningún sitio – replicó ella– Nos vemos la semana que viene, Robert.

–Vuelve a Londres conmigo – la animó su socio – No puedes querer quedarte aquí…

Joe se interpuso entre los dos.

–Demi se queda conmigo.

Al ver a los dos hombres mirándose como enemigos, Demi sintió ganas de ponerse agritar.
Pero Joe era un hombre muy fuerte…

–Será mejor que te vayas a casa, Robert.

–¿Por qué? ¿Tampoco puedes recibir visitas? ¿Qué es, tu carcelero? – exclamó él,indignado.

–Puedes venir a visitarme cuando quieras – dijo ella, volviéndose para entrar en la casa frustrada con los dos.

Si ella era la fuente del problema, lo mejor sería quitarse de en medio para que las cosas se calmaran, razonó.

Pero cuando miró por la ventana del vestíbulo y vio que Robert lanzaba el puño hacia la cara de Joe se quedó helada porque había pensado que de los dos, sería su marido el primero en perder la paciencia.

Joe sin embargo, no perdió tiempo para devolver el golpe y cuando Robert cayó al suelo Demi corrió para intervenir.


–¡Parad ahora mismo! – gritó, furiosa –. ¡No merece la pena pelearse…!

–Merece la pena pelearse por ti – la interrumpió Joe .

–¡Si le vuelves a pegar, te dejo! – lo amenazó Demi exasperada.

Mientras tanto, Robert había vuelto a lanzar el puño y, sorprendido, Joe cayó alsuelo.

Había aprovechado que estaba distraído y Demi estuvo a punto de darle un puñetazo por jugar sucio… pero fue entonces cuando tuvo que reconocer que seguía amando a su marido.

–¡Márchate, Robert! – le gritó.

Pasándose una mano por los labios ensangrentados, su socio asintió con la cabeza.

–Veo que estoy perdiendo el tiempo.

–Sí, márchate antes de que te mate – lo amenazó Joe levantándose como un tigre.