sábado, 1 de septiembre de 2012

La caida de Jonas cap 17



Su cabeza se levantó por el sonido de su voz.
¿Cómo diablos había conseguido colarse en la cocina sin que él lo supiera?

—Mierda. Tu culo está en el fuego ahora, ¿no, jefe? — Gimió Jake —Me voy. Buena suerte.

Jonas colgó el teléfono, y le giró hacia Miley
Su barbilla en alto, su vestido abotonado un poco torcido.
Llevaba las sandalias en la mano.
Su expresión era estoica.
No había miedo en sus ojos.
Él la miró fijamente durante unos segundos, cruzando los brazos sobre el pecho antes de hablar.

—¿Por qué no me lo dijiste?

Ella apartó la mirada durante unos segundos largos, luego los ojos volvieron a él.

—Debido a que estaba cansada de ser la responsabilidad de alguien. Por una vez, quería ser la mujer de alguien en su lugar, —dijo al final. —Gracias por hoy, pero creo que es hora de que me marche.

Jonas parpadeó cuando ella se volvió y empezó a caminar por la cocina.
Hijo de puta.
¿Así le daba las gracias después de follar con ella?
¿Abandonándolo después?
Se movió detrás de ella, capturándola antes de que hubiera dado más de una docena de pasos y la hizo girar.

—Oh, no es tan fácil, bebé, —le aseguró con voz áspera.

Debería estar más loco que el infierno.
Debería estar furioso. Jonas no se llevaba muy bien con la responsabilidad.
El bar era el mayor peso que quería sobre sus hombros, nada más.
Al menos, hasta que Miley le había golpeado en el culo.

—¿Por qué no me dijiste quién eras? — Se aferró a ella mientras que trataba de alejarse.

—Porque te quería, no tu maldita promesa hecha a un hombre mientras estabas borracho, ni quería que te sintieras responsable porque coqueteaste conmigo, porque me enamoré de ti una noche la cual lo más probable es ni siquiera recuerdes —ella gritó —Quería el hombre que vi esa noche. El que era tan fuerte y tan juguetón. Un hombre que no hizo daño a sus atacantes, sólo los magulló un poco. Quería al hombre, propietario de un bar en el cual mi tío y yo entramos, una vez que me enteré de que se estaba muriendo. Quería al hombre del que me enamoré una vez más cuando llegué aquí y descubrí que era mucho más de lo que imaginaba. Quería que me quisieras, Nick. No quería que te sintieras responsable de mí.

El echó hacia atrás el brazo mientras la miraba en estado de shock.

—Dijiste que no querías amor, —la acusó.

—Te dije que no estaba buscando amor. — Ella le lanzó una mirada mordaz —Ya lo había encontrado. Yo te amaba. Era suficiente.

Negó con la cabeza, todos los rizos salvajes fluyendo a su alrededor.

—Eres libre, Nick. —Abrió los brazos y dio un paso atrás. — No hay daño. No hay falta. Me has dado más de lo que alguna vez pude soñar. Y me lo has dado, no por el recuerdo de una deuda.

Hubo un destello de orgullo en sus ojos, de placer femenino y confianza que lo puso duro.
Le dieron ganas de follar de nuevo.
Allí mismo, en medio de la cocina.
Y él lo iba a hacer.

—No hemos terminado — gruñó, soltándose el cinturón y  desabrochándose los pantalones — Ni mucho menos.

Sus ojos se abrieron, los labios entreabiertos.
Sólo en caso de que ella tuviera en su mente decir que no, le cubrió sus labios sensuales con los suyos, tiró de ella hacia sus brazos y la levantó.

—Pon tus piernas alrededor de mí. Ahora.

Tiró de su vestido hasta las caderas, la besó de nuevo mientras trataba de hablar y se volvió, empujándola contra la pared, rasgando sus bragas, arrancándolas para retirárselas de las caderas.
Oyó su emoción en el gemido que llena el beso, y lo sintió en la forma en que sus manos se metieron en su pelo.
Sus labios se comieron en los suyos, su lengua luchó contra la suya.

—Por supuesto. Te encanta esto. — Él la atrajo hacia sí, movió de caderas hasta que su polla entró en ella — ¿No, Miley ? Te encanta mi polla.

—Te quiero, — ella lo miró.

—Dime que te folle.

Una lágrima se le escapó de los ojos.

—Ámame, Nick. Sólo por esta vez. Ámame.

Hacía que se le aflojaran las rodillas.

—Maldita sea, — gimió.

Deslizó la corona de su polla dentro de ella y se detuvo, sintiéndola, tan sedosa, tan caliente.

—Maldita seas, Miley .

Empujó en ella, más fácil esta vez.
Más lento.
Trabajó su erección en ella, sintiendo todas las caricias, la succión, ondas ordeñándole desde su coño caliente cuando ella se lo llevó.
Lento.
Firmemente.
Tanto placer que se sentía cegado por él.
Sintió como si nunca tuviera suficiente, nunca podría tener suficiente para saciar su hambre por ella.

Hundió la cara en el pelo, sentía sus piernas rodeando su espalda, y la tomó con calma.
Porque el placer de hacerlo era suficiente para luchar, para morirse.
¿Cómo diablos había logrado superar sus defensas?
Y lo había hecho.
Se deslizó a través de ellas y ni siquiera lo supo.
Hasta que le tocó.
Hasta que ella le pidió que le mostrara cómo ser mala.
Entonces rompió el último hilo de su control cuando ella le proclamó su amor.

—Tan dulce. Así apretado, —gimió en su cuello, sosteniéndola con él, moviéndola con él. —Dios, Miley, ¿qué has hecho conmigo?

Sus brazos se apretaron alrededor de ella cuando sintió que sus jugos se reunían, recubriéndolo, facilitando aún más su camino cuando sus caderas comenzaron a moverse más rápido.
Más duro.
Él la necesitaba.
La necesita más y más hasta que sintió que ella lo agarraba más fuerte, más caliente, y la oyó gritar su nombre.

—Nick!

Su rostro enterrado en su cuello, su ondulante coño a su alrededor… y se perdió en ella.
Por tercera vez aquel día, se vertió en ella.
Gruñendo.
Gimiendo.
Perdido en el placer que ardía como una supernova a través de su cuerpo, derramó hasta su última gota en ella, y él lo sabía.
No era sólo su cuerpo lo que le daba.
Era él mismo.


amigaaa ahi esta como te lo prometi
estos caps son para ti michie :D
y para todas las niñas hermosas que les gusta esta nove :D
las quiero byee besitos

psdt: mitchie me encanta conversar contigo por face jijii

La caida de Jonas cap 16




Jonas estaba en la terraza, el teléfono móvil en una mano, y una botella de cerveza en la otra, mientras observaba la cocina.

La tarde se oscurecía sobre la casa, y Miley seguía durmiendo.
Y Jonas quería respuestas.

—¿De qué te has enterado?

—No vas a créete esta mierda, —Jake su camarero, dijo con sorpresa. — Hombre, cuando por fin sorteé todos los corta fuegos y las tonterías, y encontré algo sobre esta chica, estaba a punto de estallarme la cabeza.

—Muy bien, ahora suéltalo. — Le ordenó Jonas.

Jake suspiró.
Jonas casi podía verlo pasándose la mano por su pelada cabeza mientras estaba sentado en la silla de cuero en su oficina del bar.

—¿Recuerdas a aquel tipo de la mafia italiana? Hace unos ocho años. ¿El que de pronto se entregó a las autoridades, desafiando a todas las familias, declarando contra ellos y provocando la caída de muchas de ellas?

—Federico, o algo así. — Jonas asintió con la cabeza.

—Bueno hombre, los servicios de noticias harían su agosto con lo que encontré cuando entre en contacto con algunos de mis amigos en la embajada. Parece que Giovanni Federico, alias Gio el Gigante, tenía una hija pequeña y hermosa de dieciséis años que fue secuestrada cuando salió para reunirse con el hijo de un rival. Se la llevaron, para obligar a Gio a hacer una matanza por toda Italia, para que matara a sus aliados. Cada vez que el bueno de Gio trataba de recuperarla, le enviaban un video, una grabación de la joven adolescente atada, desnuda de cintura para arriba, haciéndole un corte con una navaja de afeitar en la parte alta de los pechos. El viejo se estaba volviendo loco. Así que fue a las autoridades. Les prometió todo, pero tenían que rescatar a su hija, de inmediato.

Jonas bajó la cabeza y cerró los ojos.
Las cicatrices en el pecho de Miley .
Mierda.

—Muy bien, sigamos. Según mis amigos en la embajada, rescataron a la chica bastante rápido, se la devolvieron a su padre y unos días después fue detenido. Hubo un juicio importante. Lo metieron en la cárcel, bla bla. Todo esto lo sabemos. Pues bien, seis meses después, Miley Federico fue asesinada en un atentado con coche bomba que mató también a tres de los rivales más viejos de Federico. O al menos eso dicen los informes. Eso fue el inicio, y ya sabes cómo sigue, seis meses después, Miley Cyrus emigra de Italia a través de nuestro buen aliado, Australia. Llega con su tío, Martín Corelli. Martin tiene un trabajo de guardia de seguridad en Los Ángeles, y la pequeña Miley Cyrus empieza a tomar clases en la universidad. Se mueven de nuevo un año más tarde a Dallas. Miley Cyrus encuentra un trabajo en programación de computadoras y gráficos y el bueno de Martín trabaja de guardia de seguridad de nuevo. Hasta hace cuatro años. Martin muere. Hablé con el médico forense. Recuerda el caso, no porque la muerte no fuera natural, sino porque los que recogieron el cuerpo eran italianos. Una afligida madre vestida de negro y un joven muchacho alto, fuerte y algo sombrío, que apenas chapurreaba algo de inglés. Estaban acompañados, nuestro médico forense jura que por el Servicio Secreto, le mostraron una identificación bastante impresionante. Tanto el chico como la madre le preguntaron si Corelli tenía otros amigos o familiares. El forense dice que no, luego le pregunta al chico, ¿Cómo sabías que estaba aquí? El chico contesta, una llamada de un amigo. Nada más. Fin de la historia, todo el mundo se va. Seis meses más tarde, tú adquieres una nueva vecina. La señorita Miley Cyrus

Jonas sentía el "pero". Justo ahí. Apretándole en el estómago.

—¿Y? —Dijo con cuidado, mirando el suelo de la terraza ahora.

—Y, nos encontramos con Corelli, —Jake le informó. —Tú y yo, cuando estábamos en Dallas hace unos años, durante las vacaciones. Estábamos de juerga por los bares esa semana. ¿Te acuerdas?

Jonas tuvo que sentarse.
Joder, se acordaba.

—Él simplemente se llamó a sí mismo Martin.

—De acuerdo, —Jake hizo la conexión. —Todos bebemos, hacemos algunas risas, y el tío se levanta para irse, dice que tiene que recoger a su sobrina y acompañarla hasta la casa de la vecina. Luego, cuando salimos y aquellos matones trataron de asaltarnos fuera del bar, él estaba allí con una navaja cuando el infierno estalló en llamas.

—Y dijo que un día tendríamos que devolverle el favor por su ayuda, —Jonas suspiró. — Que un día, en caso de morir, él me enviaría lo único que significaba algo para él. Y que yo tenía que protegerla.

Habían estado más borrachos que el infierno, recordó Jonas.
Se había reído, le dijo a Martin que debería proteger a su hijo primogénito a cambio.
Y Martín le había dicho que lo que había era mucho más importante que su hijo primogénito.

—Bueno, aquí hay más información, —resopló Jake. — Corelli vino aquí, a Simsburg, unos meses antes de morir. Acabo de recibir esa información hablando con el agente inmobiliario que vendió la casa a tu pequeña. Corelli llegó por dos noches con su sobrina Miley Cyrus . Cuando el agente inmobiliario le preguntó por qué estaban buscando en Simsburg, la señorita Cyrus le dijo que conocía a alguien en el pueblo.

—Había una chica esa noche, —reflexionó Jonas. —Después de la pelea. Ella se bajó del autobús en la esquina mientras estábamos apoyados fuera del bar partiéndonos el culo de risa.

Lo recordaba ahora, como si fuera ayer.
Ojos azules en la noche, de figura pequeña, la capucha de su abrigo puesta sobre la cabeza.
Su rostro había estado escondido, pero había cogido las llaves en la mano.
Recordó el brillo, una punta afilada sobresaliendo entre los dedos, una bolsa de ordenador portátil colocada sobre su hombro.
Ella había sido cautelosa.
En guardia.
Pero se acordó de sentir su mirada sobre él.
Hijo de puta.

—Corelli era su tutor. Y vino aquí por mí.

—En realidad, era mi tío Martín. Y sí, vine aquí porque no te pude olvidar. - dijo Miley




mitchieeeeee♥ amiga este cap va para ti que me lo pediste !
me muero de ganas por leer 
I Don't Want To Love You

 sube pronto 
te quiero ♥
mil besos a todas las que comenta gracias la quiero

wife by accident cap 2



Gimió a la vez que se daba cuenta de que varias personas la rodeaban y de que su maleta se había abierto debido al choque, esparciendo su contenido por el húmedo asfalto.

—He llamado a una ambulancia desde el teléfono de mi coche — dijo una voz junto a ella, y Lisa volvió lentamente la cabeza — Estará aquí en pocos minutos.

Los curiosos fueron cerrando el círculo para oír lo que se decía, y el hombre, fuera quien fuera, hizo un autoritario gesto con la mano.

Todos se echaron atrás y, al cabo de unos minutos, la mayoría se había dispersado.
Demi lo miró.

Tenía el pelo negro, empapado por la lluvia, aunque eso no parecía molestarle, y los rasgos de su rostro eran duros y agresivos.
Lo suficientemente agresivos como para haber espantado a todos los curiosos.

Él la miró, y la vaga impresión de alguien bastante atractivo cristalizó en el rostro más asombrosamente masculino que Demi había visto en su vida.
De rasgos duros y ojos intensamente azules, era el rostro de un hombre nacido para dar órdenes.

—¿Es usted un oficial del aeropuerto? — preguntó Demi  débilmente, y vio que él sonreía.

—¿Parezco un oficial del aeropuerto? —preguntó él a su vez.

Demi pensó que tenía una voz agradable, grave.
Luego oyó la sirena de una ambulancia acercándose a ellos.

—Espero que se detenga a tiempo —dijo, tratando de sonreír, aliviada al pensar que muy pronto, alguna maravillosa inyección le quitaría el dolor — o de lo contrario tendrán que llevarse a varios heridos más al hospital.

El hombre, que seguía inclinado sobre ella, rió.
Ligeramente mareada, Demi cerró los ojos, pensando que su risa también era bastante agradable.
Cálida, densa y vagamente inquietante.

¿O sería que el dolor le estaba haciendo alucinar un poco?
Entonces, como a través de una bruma, oyó voces y los sonidos de cosas pasando y sintió que alguien la examinaba, palpándole cuidadosamente la pierna.

Luego, todo sucedió con gran rapidez.
Le administraron un analgésico, la introdujeron en una camilla en la ambulancia y eso era todo lo que recordaba.

Cuando volvió a abrir los ojos se hallaba en una cama, en una pequeña habitación, con un termómetro en la boca y un médico inclinado sobre ella.

—Soy el doctor Sullivan —dijo el hombre, sonriendo, mientras la enfermera que estaba a su lado retiraba el termómetro de la boca de Demi —. ¿Recuerda cómo ha llegado aquí?

—Catapultada por un coche —contestó Demi con una débil sonrisa.

El médico también sonrió.

—Tiene una pierna fracturada —dijo—, y varios moretones que, apesar de su aspecto, apenas le molestarán. No necesito decirle que ha sido muy afortunada.

—Me sentina aún más afortunada si no hubiera sucedido nada —dijo Demi seriamente, y el joven médico sonrió con amabilidad.

—Por supuesto, querida — dijo, y consultó su reloj—. Pero, desafortunadamente, estas cosas suceden. Tendrá que pasar con nosotros un par de semanas, mientras la rotura se suelda. La enfermera le enseñará dónde está todo y yo volveré a visitarla a lo largo del día.

La enfermera sonrió eficientemente y, en cuanto el médico se fue, indicó a Demi dónde estaba el timbre de aviso, el interruptor de la luz y el de la televisión.
Antes de irse, dijo:

—Por cierto, tiene una visita.

—¿Una visita? ¿Qué visita?

La enfermera sonrió coquetamente, lo que sólo sirvió para acrecentarla perplejidad de Demi

—Pensé que sería su novio. Ha venido tras la ambulancia al hospital y ha estado esperando desde entonces.

A Demi le hubiera gustado hacer algunas preguntas, incluyendo qué había pasado con su maleta, pero la enfermera ya salía y en su lugar entró el hombre que vio inclinado sobre ella en la carretera.

Su visita.
El hombre sin nombre que se había hecho cargo de todo hasta que llegó la ambulancia.

Lo miró mientras cerraba cuidadosamente la puerta y sintió un inexplicable cosquilleo de placer.
También sintió una inexplicable timidez y tuvo que zarandearse internamente para apartar aquellas absurdas sensaciones.



wife by accident cap 1




Llovía.
Demi Lovato cerró su abrigo sujetándolo por las solapas, lamentando no haberse puesto un impermeable.

También lamentó haber tomado un autobús en lugar de un taxi para ir al aeropuerto.

Aparte de no haberse ahorrado más que unos peniques y de haberse pasado todo el trayecto mirando el reloj, temiendo llegar tarde debido a las continuas paradas, el autobús la había dejado bastante lejos de la terminal, lo que había supuesto enfrentarse a la lluvia sin sombrero ni impermeable y cargando con una maleta y el bolso.

Dejó la maleta en el suelo para consultar por enésima vez su reloj y se consoló pensando que pronto estaría alejándose en avión de aquel mal tiempo.

Volando a un clima soleado.
Al menos, el día anterior había leído que, a pesar de ser enero, en España solía lucir el sol, además de hacer bastante más calor que en Inglaterra.

A través de la cortina de lluvia, la terminal del aeropuerto parecía cernirse amenazadoramente sobre ella, y empezó a sentir un poco de miedo.

Era la primera vez que salía al extranjero.
No era fácil recordar con exactitud cuándo empezó a considerar la posibilidad de aquel viaje.
Desde luego, de pequeña no.

Pasó su infancia en la carretera, viajando mientras su padre iba de un trabajo a otro, acomodándose en pisos baratos que casi siempre tenían que abandonar justo cuando sus vidas empezaban a asentarse.

Aunque aquella vida nunca le molestó, al menos hasta que fue lo suficientemente mayor como para comprender que así nunca tendría amigos permanentes y que la única compañía con la que siempre podría contar sería la suya propia.

Tras la muerte de sus padres, Demi pasó varios años sin ningún deseo de moverse, hasta que, poco a poco, la idea de hacer un viaje al extranjero empezó a parecerle más y más tentadora.

Pero hasta cumplir los veinticuatro, y en una época en la que viajar al extranjero no resultaba tan caro, nunca había llegado a animarse a salir del país, porque siempre habían surgido cosas más importantes en las que gastar el dinero que con tanto esfuerzo ganaba.

Llevaba tres años planeando darse unas vacaciones, pero, por unos u otros motivos, nunca había resultado factible.

Primero consideró que arreglar y redecorar el cuarto de estar de su casa era más acuciante que pasar dos semanas en la costa del sol.

Después, en dos ocasiones, tuvo que invertir el dinero ahorrado en reparar su coche.
Pero, por fin, las cosas parecían haberle salido bien.

Levantó la maleta del asfalto, pensando en el sobre que encontró en su buzón tres meses atrás
El hecho de no haber ganado nunca nada en su vida hizo que aquel premio consistente en un viaje al extranjero resultara doblemente excitante.

Sonriendo al recordar, con la mirada fija en el edificio de la terminal, fue a cruzar la calle… y lo que sucedió a continuación fue una confusa secuencia de acontecimientos.

¿Resbaló en la carretera mojada?
¿No miró por dónde iba?
¿O la lluvia había cegado al conductor del coche tanto como a ella?

Demi sólo supo que vio el coche casi encima a la vez que el conductor la veía a ella.

Después escuchó el chirrido de unos frenos y, un instante después, notó un intenso dolor en una pierna.

Permaneció caída en el suelo, incapaz de moverse, y en lo único que pudo pensar fue en que iba a perder sus vacaciones.

Había pasado tanto tiempo soñando en aquel viaje… y ahora se lo iba a perder.

Ni siquiera separó a pensar que había tenido suerte.
las cosas podían haber sido mucho peores.
La pierna le dolía mucho.




Dama de treboles cap 26




Aun así, entró en la cocina.
Tenía una tarta que cocinar y supuso que Nick no se alegraría de tener la como espectadora.

Una hora después, con la cesta colgada del brazo, se adentró en el establo y chasqueo la lengua con fastidio.
No le quedaba más remedio que pedir ayuda porque nadie se había preocupado de enseñarle a ensillar un caballo.

Dejó la cesta en el suelo con cuidado de no golpear los huevos y la tarta.
Fue en busca de Aaron, pero no lo encontró por los alrededores de la casa.

Como a diez yardas de la cerca, contempló cómo Nick y Albert trajinaban con el caballo. Maravillada, se acercó para ver de qué modo hacían que el animal respondiera a las órdenes.
En ese momento lo entrenaban para que, en cuanto notase el tirón de la soga anudada al cuerno de la silla, comenzara a arrastrar.

Un cascabeleo inconfundible la hizo palidecer.
Ellos, demasiado concentrados en su tarea, no se habían percatado.
Miley no lo dudó.
Extrajo el cuchillo de su bota y con un movimiento de muñeca rápido y certero lo lanzó junto al pie izquierdo de Albert.

El muchacho dio un brinco, miró al suelo y luego, con la boca abierta, se volvió hacia Miley .
 Nick tiró la soga al suelo y corrió hacia él.

   —¡San Patricio! —exclamó.

   Al igual que su sobrino, se giró hacia ella sobrecogido.

   —¡Dios Miley ! —murmuró Albert con voz ahogada.

Tomó el cuchillo y limpió el filo en la pernera del pantalón sin dejar de mirar aturdido a la serpiente de cascabel que aún coleaba a sus pies partida en dos.
Miley se aproximó hasta ellos con un brillo de orgullo en la mirada.

   —¿San Patricio? —preguntó alzando la vista hacia el muchacho.

   —Cosa de irlandeses. Creen que los protege de las serpientes —aclaró escéptico.

   Miley le tendió la mano y él le entregó el cuchillo con un gesto tan solemne que la hizo ruborizar.

   —Estoy en deuda contigo — comentó anonadado —. ¡Menuda puntería! Esta vez tu san Patricio no ha estado muy despierto —miró a su tío—, si no llega a ser por ella…

   Cerró la boca porque Nick lo fulminó con una mirada centelleante.

   —No exageres. Además llevas botas, no corrías tanto peligro —lo acalló

ella restando importancia a lo sucedido, mientras devolvía el cuchillo al interior de su bota.

Nick, quieto como un roble, contemplaba la escena todavía impresionado por lo que acababa de ver.
Aún no se había repuesto del profundo impacto que le había causado Miley aquella mañana y descubría una faceta desconocida en ella.
Su esposa era un continuo enigma.
Le molestó comprobar una vez más la falta de confianza que mostraba hacia él.

   —Basta por hoy, Albert. Vuelve a casa —anunció en un tono tan pausado como autoritario.

   —¿No quieres que lo lleve al establo? —preguntó señalando al caballo con la cabeza.

   —En realidad, yo venía a pediros ayuda para ensillar un caballo —interrumpió Miley — Podría llevarme éste, si no te importa — inquirió a Nick con la mirada.

Él asintió.
Se cruzó de brazos y con la cabeza indicó a Albert el camino de su casa.
Durante un par de minutos, Nick y Miley  permanecieron frente a frente en absoluto silencio.
El chico pasó entre ellos y se en caminó de vuelta a casa tras reiterar su agradecimiento a su tía.

   —¿Dónde aprendiste a lanzar el cuchillo? No me lo digas: los indios.
 Miley ya estaba preparada para una reacción semejante.

Bajó la mirada, lo que irritó más a su esposo, que la tomó por el brazo de una manera tosca.

   —Solo eres una salvaje que pretende esconderse tras ese ridículo disfraz de damita de ciudad —añadió con cinismo.

   —Yo no finjo. —Miley  alzó el rostro orgullosa.

  —Ah, ¿no? Una dama que duerme cada noche junto a un hombre desnudo sin escandalizarse… ¿O es que eres tan fría que no te afecta?

   —¿Preferirías que durmiéramos en habitaciones separadas? —preguntó ella con mucha calma— En ese caso, tendrías que soportar muchos comentarios burlones a tu alrededor. Y eso supondría un golpe demasiado duro para tu orgullo, ¿no crees?

   —Nadie tendría por qué enterarse, a menos que tú fueses contándolo por ahí —la provocó—. Tal vez a ti no te parezca una humillación que se sepa que no eres capaz de comportarte como una verdadera mujer.

   —¿A mí? —Lo miró con tanto desprecio que a Nick se le encendió la sangre— Yo no tengo nada que perder. Tú y tu amiga ya os encargáis de humillarme lo suficiente para que nada de lo que los demás digan de mí pueda dolerme.

   Nick sintió cómo la rabia se apoderaba de él al escuchar ese comentario que lo relacionaba con Harriet Keller.

 Buena puntería y una lengua afilada, ésas son tus únicas cualidades — replicó resentido — Pero no tienes ni idea de cómo desenvolverte entre gente civilizada.



Dama de treboles cap 25





A media mañana, Nick se removió inquieto en el sillón, alzando la vista del libro de cuentas.
 
Hincó los codos en el escritorio y, al entre cruzar los dedos bajo la barbilla, dejó caer el lápiz que rodó sobre el tablero de roble.
Le era imposible concentrarse.
En su cabeza solo había lugar para una imagen:
la visión de Miley con la melena suelta cayendo a su espalda.

Pronto se cumpliría un mes de su llegada al rancho y las noches se habían sucedido desde entonces con idéntica rutina.
Se evitaban el uno al otro con una habilidad que parecía ensayada.  
Por tácito acuerdo, jamás coincidían ni en el momento de irse a dormir ni a la hora de levantarse.

Los días que él tenía más trabajo, al llegar a la cama la encontraba dormida.
Por el contrario, las tareas atrasadas parecían abrumar a Miley cuando veía que él se acostaba más temprano de lo habitual.
Él solía levantarse al alba, cuando ella aún dormía; pero si la adivinaba despierta, se dedicaba a remolonear hasta que la oía salir del dormitorio.

No quería, no podía flaquear.
Se había jurado no tocarla, pero no deseaba otra cosa.
Desde que su quemadura sanara, habían cesado las curas.
Ya no había existido más contacto físico entre ellos.
Cerró los ojos recordando el tacto de sus dedos. ¡Cómo lo echaba de menos!
 
Aunque ese día Nick se habia levantado muy temprano, ella se le había adelantado.
Al salir al porche, comprobó que no estaba solo.
Sentada en los escalones, Miley aferraba con ambas manos una taza de café.

Él la contempló envuelto en una asombrosa turbación, recorriendo con la mirada desde el perfil de su cara hasta sus brazos desnudos.
Se fijó en el camisón blanco que apenas alcanzaba a cubrirle las rodillas.
Se obligó a contener el deseo de acariciarle la melena que, libre de toda atadura, se desparramaba sobre sus hombros en un claro oscuro de ondas de color rubio.

Ella debió de presentir su presencia porque alzó el rostro y buscó su mirada.
Nick se estremeció por unos instantes.
¡La deseaba tanto! 
Su cuerpo le pedía sentirla agitarse sometida bajo el suyo.
Al mismo tiempo, le inspiraba una necesidad irrefrenable de protegerla como a un objeto delicado.
Era hermosa, increíblemente hermosa.

Atormentado por aquella imagen, maldijo en silencio.
La puerta del estudio se abrió, haciéndole salir del trance.

   —¿Se puede saber qué quieres? —preguntó airado.

   Se incorporó con brusquedad para colocarse frente a la ventana, de espaldas a Miley que, con la escoba en la mano, dudaba si entrar o no, tan sorprendida como él.

   —Pensé que ya estarías en los rediles —se excusó bajando la vista.

De reojo, intentó averiguar qué trataba de esconder de manera tan apresurada.
Parecía un niño pillado en falta por la maestra.

   —Tengo anotaciones que hacer —farfulló.

   —Entonces, no te molesto más. Más tarde iré al pueblo, quedé en llevarle una tarta a Alice. Me comentó que le harían falta algunas docenas de huevos, ¿te molesta que le lleve algunos? —preguntó indecisa.

Nick accedió de mala gana.
Aunque el intercambio de bienes era algo habitual entre rancheros y granjeros, ver a su esposa ocupada en elaborar repostería para el hotel suponía en cierto modo un golpe para su orgullo.

Miley salió del porche y volvió a sus tareas.
Cuando acabó de esparcir unos puñados de maíz en el corral de las gallinas, se dirigió al huerto. Necesitaba tres manzanas para la tarta.
A la sombra del enorme manzano, pensó que no tenía derecho a quejarse de su suerte.
Peor debieron de pasarlo los pioneros que habían poblado aquellas tierras cincuenta años atrás.

Grace le había contado que los primeros árboles frutales llegaron a Colorado plantados en enormes cubas.
Varias carretas recorrieron miles de millas por el camino de Oregón cargadas con aquellos plantones, aunque no todas llegaron a su destino.
Imaginó las penalidades que debieron de padecer las aventureras familias que se adentraron con aquellas caravanas rumbo a lo desconocido.

Tal vez sus verdaderos padres, sus padres blancos, fueron pioneros. Pero por mucho que lo intentara, le resultaba imposible recordar nada de ellos; ni sus caras, ni sus voces… nada, ni un solo recuerdo.
   Cogió una manzana y se puso de puntillas para alcanzar unas cuantas más.
   —¿Demasiado altas para ti? —la sorprendió la voz de Albert tras ella—. Deja, yo te ayudo.

Miley  se hizo a un lado y el muchacho, en un par de saltos, alcanzó dos enormes manzanas que colgaban a una altura inaccesible para ella.
   —Una más y es suficiente —sonrió ella agradecida—. Menos mal que has venido.
   —¿Y mi tío? —preguntó entregándole la última.
   —Con sus cuentas.
   —Entonces, no me entretengo más. A ver si entre los dos conseguimos que ese quarter —dijo refiriéndose a uno de los caballos— aprenda de una vez su trabajo.

 Estuvo tentada a seguir al muchacho. 
Ella había presenciado la doma de broncos salvajes en infinidad de ocasiones, pero sentía gran curiosidad por conocer cómo una montura cualquiera se convertía en un apreciado caballo de rancho.




wife by accident "sinopsis"




Demi no tenia planeado enamorarse ...


! Si almenos no hubiera aceptado la invitacion de a Joseph Jonas para ser su invitada y encontrarse en un mundo diferente  , seducida por la sofisticacion , el estilo de la vida de la jet  .... y por el mismo joe!


Se convirtio en amante por accidente .....
 ...... y se quedo accidentalmenete embarazada !



Joe no estaba dispuesto a su frenetico ritmo de vida.
pero , de pronto y apesar de ser un hombre mas acostumbrado a descorchar botellas que a cambiar pañales, se encontró asistiendo al inesperado parto de Demi…

 ¡y disfrutando de ello!


¿Habría logrado la paternidad que un playboy se convirtiera en el perfecto marido?



niñas de mi corazon aca les dejo un cap niley♥ 
y despues me puse a escribir otro pero pense por que no una jeni?
despues de todo yo amo a esas dos parejas :)
asi que aca les dejo la sinopsis de mi primera nove jeni y me dicen que tal les parece ?
y si les gusta okey?
gracias por leer 
las quiero ♥.♥
mils besos cuidence 
y si les gusta comenten si?
byee besitos *-*